Miami

Como último destino de nuestro viaje Miami. No es precisamente de nuestra elección pero puestos a hacer escala obligatoriamente, por qué no despedir nuestro periplo en la famosa Miami Beach en pleno mes de Enero?

Y qué acierto, pues nada nos sienta mejor que una semana a pleno sol en un hotel, ahora sí, bien merecido y disfrutando de la lectura, las palmeras y el ambiente playero antes de poner los pies en Europa. Y es curioso, en éste viaje nos damos cuenta de que Europa es para nosotros ya, todo un concepto de casa, de cercanía y de cultura compartidas.

Nada más llegar a Miami a las  20:30 horas de un vuelo desde Bogotá, un pequeño problema logístico nos acecha. En el hotel que hemos reservado no podemos entrar hasta el día siguiente con lo cual en el aeropuerto nos preguntamos qué hacer. Tras mucho cavilar decidimos pasar la noche en los bancos de una zona apartada pero con tan mala pata que uno de los guardias nos echa de allí. Cansados y sin saber que hacer acordamos llegar al hotel y pedirles si podemos esperar en una sala o algo así.

Una hora y media más tarde, (jamás imaginé que Miami fuera tan grande), nos presentamos dos mochileros en la recepción lujosa de un hotel en su mayoría para personas de la 3ª edad. Os podéis imaginar las caras de los recepcionistas al vernos llegar. El caso es que la cosa se soluciona maravillosamente bien, y nos dejan entrar en la habitación una noche antes de lo previsto. Jajaj, curioso, cuando nos habíamos concienciado realmente de pasar la noche fuera o simplemente no dormir.

Los días que se suceden en Weston, un pequeño pueblo al norte de Miami disfrutamos de lo que en 8 meses de viaje no hemos saboreado mucho. De momentos de no hacer nada, de no visitas, de leer, de tomar el sol, de hacer deporte, de cocinar… en fin, de todas esas cosas de la vida cotidiana que sin pretenderlo nos dan un poquito de felicidad ahora. La felicidad de los que llevan mucho tiempo sin tener mucha rutina doméstica ni del descanso.

Pero tres días son suficientes para descansar y dispuestos a descubrir todo lo que la región de Miami nos ofrece alquilamos un coche.

Miami Beach no está exagerado con lo que vemos en las películas y en la tele. Lejos de los cuerpos musculosos y de la superficialidad de mujeres operadas hasta las cejas hay una playa magnífica con un agua turquesa que raras veces he visto. Pasearse por ésta famosa ruta frente al mar es un regalo en invierno. Las terrazas están llenas de gente a todas horas, todo el mundo hace deporte junto al mar y los “looks” son de lo más variados y extravagantes.

Un cafecito en una tiendecita de esquina a la playa nos permite recobrar fuerzas, pero los que realmente recobran fuerzas son los clientes de la pizzería que tenemos al lado, “pizzería King-size”, de pizzas gigantes que pueden ser llevadas hasta la playa incluso. Y es que el país de las exageraciones y de las porciones gigantescas nos hace un guiño.

Los dos días siguientes recorremos dos extremos de Miami muy conocidos.

Key West son unas pequeñas islas que se adentran en el océano que están unidas por una ruta jamás vista. La autopista atraviesa el agua de pedazo de tierra en pedazo de tierra. En coche las vistas con espectaculares. Las playas, a cada cual más bonita, tienen una peculiaridad, puedes pasarte horas y horas caminando sin que el agua te cubra más de la rodilla y sin apenas olas. Chiringuitos y terrazas se publicitan a lo largo del camino y no dudamos en parar y degustar algunos mariscos frescos recién pescados.

Al día siguiente partimos hacia el Oeste de Miami en dirección de los “Everglades”, un parque que es una charca originaria donde viven miles de especies de aves, serpientes y sobre todo el animal estrella de Miami, el cocodrilo.

En toda la ciudad las labores de  precaución son pocas con estos “aligators” ya que al haber tanta agua estancada pueden acechar de un momento a otro en uno de los tantos pequeños lagos que hay.

Una excursión en lancha nos permite contemplar todo el paisaje que el parque natural ofrece, desde pájaros, felinos hasta los propios cocodrilos en estado salvaje donde alguna que otra vez se dejan ver con sus cejas prominentes sobre el agua. Es un animal que da miedo y a la vez despierta curiosidad. El 80%  de su cuerpo es músculo, de ahí que se desplace tan lentamente y cuando lo hace es con extrema rapidez y violencia para atrapar a su presa. Después necesita días para recuperar del cansancio. En fin, un animal que despierta pavor y pasiones, de sangre fría y dispuesto a atacar por instinto.

Pero Miami es mucho más que todo lo descrito, es una forma de vida que se sitúa en una balanza entre el bienestar y el dinero, entre la fama y la fortuna. Bien lo saben los famosos y los artistas que aquí residen. Bien lo saben los millones de hispanos que han cruzado el Caribe para alcanzar el sueño americano. Y es que en Miami, perdónenme ustedes americanos, se habla español. La radio y la calle me dan la razón.

Nos despedimos de Miami y de nuestro viaje sin nostalgia ni lamentos, disfrutar lo hemos disfrutado hasta donde nos ha dado el cuerpo. Imágenes, situaciones y gentes que nunca olvidaremos se nos vendrán una y otra vez a la mente. No estoy triste y puedo decir que éstos han sido los meses más intensos que he vivido en mi vida. Alguien me dijo una vez que la vida hay que vivirla intensamente. Qué razón tenía.  Medid la intensidad, cada uno tiene la suya. Si esta es una de las lecciones que me ha dado el planeta recorriéndolo en círculo, tratare de lo olvidarla.

Espero no olvidar la intensidad de éste viaje que queda grabado ahora en mi memoria, espero que lo hayáis vivido conmigo y, por momentos, haceros partícipes de esta experiencia que ha cambiado mi vida en definitiva. Al final este ha sido un sueño como cualquier otro que merece la pena ser contado. Pero nunca dejéis de perseguir lo que queréis y, sobre todo, nunca dejéis de vivir intensamente.

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