Miami

Como último destino de nuestro viaje Miami. No es precisamente de nuestra elección pero puestos a hacer escala obligatoriamente, por qué no despedir nuestro periplo en la famosa Miami Beach en pleno mes de Enero?

Y qué acierto, pues nada nos sienta mejor que una semana a pleno sol en un hotel, ahora sí, bien merecido y disfrutando de la lectura, las palmeras y el ambiente playero antes de poner los pies en Europa. Y es curioso, en éste viaje nos damos cuenta de que Europa es para nosotros ya, todo un concepto de casa, de cercanía y de cultura compartidas.

Nada más llegar a Miami a las  20:30 horas de un vuelo desde Bogotá, un pequeño problema logístico nos acecha. En el hotel que hemos reservado no podemos entrar hasta el día siguiente con lo cual en el aeropuerto nos preguntamos qué hacer. Tras mucho cavilar decidimos pasar la noche en los bancos de una zona apartada pero con tan mala pata que uno de los guardias nos echa de allí. Cansados y sin saber que hacer acordamos llegar al hotel y pedirles si podemos esperar en una sala o algo así.

Una hora y media más tarde, (jamás imaginé que Miami fuera tan grande), nos presentamos dos mochileros en la recepción lujosa de un hotel en su mayoría para personas de la 3ª edad. Os podéis imaginar las caras de los recepcionistas al vernos llegar. El caso es que la cosa se soluciona maravillosamente bien, y nos dejan entrar en la habitación una noche antes de lo previsto. Jajaj, curioso, cuando nos habíamos concienciado realmente de pasar la noche fuera o simplemente no dormir.

Los días que se suceden en Weston, un pequeño pueblo al norte de Miami disfrutamos de lo que en 8 meses de viaje no hemos saboreado mucho. De momentos de no hacer nada, de no visitas, de leer, de tomar el sol, de hacer deporte, de cocinar… en fin, de todas esas cosas de la vida cotidiana que sin pretenderlo nos dan un poquito de felicidad ahora. La felicidad de los que llevan mucho tiempo sin tener mucha rutina doméstica ni del descanso.

Pero tres días son suficientes para descansar y dispuestos a descubrir todo lo que la región de Miami nos ofrece alquilamos un coche.

Miami Beach no está exagerado con lo que vemos en las películas y en la tele. Lejos de los cuerpos musculosos y de la superficialidad de mujeres operadas hasta las cejas hay una playa magnífica con un agua turquesa que raras veces he visto. Pasearse por ésta famosa ruta frente al mar es un regalo en invierno. Las terrazas están llenas de gente a todas horas, todo el mundo hace deporte junto al mar y los “looks” son de lo más variados y extravagantes.

Un cafecito en una tiendecita de esquina a la playa nos permite recobrar fuerzas, pero los que realmente recobran fuerzas son los clientes de la pizzería que tenemos al lado, “pizzería King-size”, de pizzas gigantes que pueden ser llevadas hasta la playa incluso. Y es que el país de las exageraciones y de las porciones gigantescas nos hace un guiño.

Los dos días siguientes recorremos dos extremos de Miami muy conocidos.

Key West son unas pequeñas islas que se adentran en el océano que están unidas por una ruta jamás vista. La autopista atraviesa el agua de pedazo de tierra en pedazo de tierra. En coche las vistas con espectaculares. Las playas, a cada cual más bonita, tienen una peculiaridad, puedes pasarte horas y horas caminando sin que el agua te cubra más de la rodilla y sin apenas olas. Chiringuitos y terrazas se publicitan a lo largo del camino y no dudamos en parar y degustar algunos mariscos frescos recién pescados.

Al día siguiente partimos hacia el Oeste de Miami en dirección de los “Everglades”, un parque que es una charca originaria donde viven miles de especies de aves, serpientes y sobre todo el animal estrella de Miami, el cocodrilo.

En toda la ciudad las labores de  precaución son pocas con estos “aligators” ya que al haber tanta agua estancada pueden acechar de un momento a otro en uno de los tantos pequeños lagos que hay.

Una excursión en lancha nos permite contemplar todo el paisaje que el parque natural ofrece, desde pájaros, felinos hasta los propios cocodrilos en estado salvaje donde alguna que otra vez se dejan ver con sus cejas prominentes sobre el agua. Es un animal que da miedo y a la vez despierta curiosidad. El 80%  de su cuerpo es músculo, de ahí que se desplace tan lentamente y cuando lo hace es con extrema rapidez y violencia para atrapar a su presa. Después necesita días para recuperar del cansancio. En fin, un animal que despierta pavor y pasiones, de sangre fría y dispuesto a atacar por instinto.

Pero Miami es mucho más que todo lo descrito, es una forma de vida que se sitúa en una balanza entre el bienestar y el dinero, entre la fama y la fortuna. Bien lo saben los famosos y los artistas que aquí residen. Bien lo saben los millones de hispanos que han cruzado el Caribe para alcanzar el sueño americano. Y es que en Miami, perdónenme ustedes americanos, se habla español. La radio y la calle me dan la razón.

Nos despedimos de Miami y de nuestro viaje sin nostalgia ni lamentos, disfrutar lo hemos disfrutado hasta donde nos ha dado el cuerpo. Imágenes, situaciones y gentes que nunca olvidaremos se nos vendrán una y otra vez a la mente. No estoy triste y puedo decir que éstos han sido los meses más intensos que he vivido en mi vida. Alguien me dijo una vez que la vida hay que vivirla intensamente. Qué razón tenía.  Medid la intensidad, cada uno tiene la suya. Si esta es una de las lecciones que me ha dado el planeta recorriéndolo en círculo, tratare de lo olvidarla.

Espero no olvidar la intensidad de éste viaje que queda grabado ahora en mi memoria, espero que lo hayáis vivido conmigo y, por momentos, haceros partícipes de esta experiencia que ha cambiado mi vida en definitiva. Al final este ha sido un sueño como cualquier otro que merece la pena ser contado. Pero nunca dejéis de perseguir lo que queréis y, sobre todo, nunca dejéis de vivir intensamente.

Nueva York

Estamos en la ciudad de las ciudades, la increíble y fantástica “gran manzana”. Un paso por Nueva York era imprescindible en ésta nuestra vuelta al mundo impregnada de culturas. Y qué mejor para impregnarse de culturas que NYC, donde la diversidad y la multiculturalidad son las guías esenciales.

Otro avión de noche, ésta vez con “American Airlines” no nos deja dormir mucho, y eso que el trayecto de LA a NYC son sólo 5 horas. Llegamos por la mañana temprano y va a ser la primera experiencia que vamos a tener con “Airnbn”, un concepto parecido a “couchsurfing” pero pagando para dormir en casa de alguien local.  Un taiwanés de origen, afincado en NYC y americano de nacimiento nos recibe en toda comodidad en su piso de lujo en Brooklyn, con vistas a Manhattan. Mejor no podemos empezar.

El primer día tomamos contacto con la ciudad desenfrenada y ruidosa, con los taxis amarillos y las prisas… pero no nos dejamos influenciar mucho. Vamos a pie y cruzamos el “Puente de Manhattan” que te permite contemplar ya las maravillosas vistas al famoso “Puente de Brooklyn” y a lo lejos pequeña, pequeñísima, pero clara, la “Estatua de la Libertad”. Salto y brinco, me emociono tanto que Loic me tiene que parar para no llamar la atención. Ahí es cuando me doy cuenta, cuando realmente mi mente y mis sentidos me sitúan en la “ciudad que nunca duerme”.

Recorremos “chinatown” hasta Dover Street. Un pequeño barecito de esquina nos ofrece en “happy hour” dos margaritas que nos dan la bienvenida a la ciudad pero están tan cargados de tequila que la vuelta a casa se hace difícil. El metro se nos resiste y nos equivocamos tres veces. ¡Qué complicación! El metro de Nueva York no está bien señalizado y al entrar en cualquier estación los trenes y los destinos son diferentes. Puedes encontrarte hasta seis trenes diferentes esperando en un andén. Qué locura. Para más inri, algunas de las líneas que eran túneles antes y que atravesaban desde Manhattan hasta Brooklyn están cerradas, debido al paso del huracán “Sandy”, que arrasó la ciudad en Noviembre de 2012, dejando también inundado e incomunicado el bajo Manhattan.

Claro está, el turista no está informado de esto y nos alegramos de estar en casa de un neoyorquino que nos  da los mejores consejos sobre la ciudad. “James”, que así se llama nuestro anfitrión, es un enamorado de NYC y se conoce hasta el último rincón de ella. Sus planes de restaurantes y entradas son los mejores, y es que, aunque uno no lo crea, si conoces bien la ciudad, comer en NYC no es nada caro, de 3 a 5 dólares son suficientes.

Al día siguiente visitamos el “Metropolitan Museum”. Como el arte para mí es una fiebre, ésta es una parada obligatoria y la oportunidad de ver obras famosísimas que se escapan de los mejores museos de Madrid, París y Londres. (Un engaño al turista que conocemos gracias a James es que el museo es gratis, aunque en la entrada venga escrito 25 dólares. Esta es la sugerencia de donación sólo que si no lo sabes nadie te lo dice.) El Metropolitan se abre a nosotros con una extensísima colección de arte egipcio, griego, romano o etrusco. Aunque la sección de “pintura europea” es la más famosa del museo, la escasez de grandes obras me decepciona un poco. Tan solo Gauguin, Van Gogh con su “autorretrato” y el postimpresionismo me reconcilian con un arte moderno (hasta 1945) que deja bastante que desear. Sin hablar de la colección de pintura americana, tan simplista e insípida que el visitante no se para ni a contemplar los cuadros.

Pero si bien salgo algo decepcionada del Metropolitan, me pasa todo lo contrario con el Moma. No es tan importante como el anterior pero a mí me entusiasma mucho más ya que es muy completo en arte tanto moderno, como contemporáneo. Los pisos cuatro y cinco muestran la pintura desde 1880 hasta 1940 y de ahí hasta 1980. Es la mejor colección que he visto hasta ahora de estos periodos, superando con creces el Tate Modern de Londres.  Una gozada contemplar la brillantez de los colores de Andy Warhol y su musa de la época, Marilyn Monroe,  o recrearse en los postimpresionistas o cubistas con Picasso y sus señoritas de Avignon.

Tras el pasaje artístico nos adentramos en Central Park, aunque sólo recorremos una pequeña parte ya que es literalmente enorme. Estanques, fuentes, zonas verdes, bancos, gente corriendo y haciendo deporte… un Nueva York verde también existe.

Pero como era de esperar, bajamos el parque y la 5 avenida se contonea ante nosotros. Cientos de taxis amarillos iluminan el tráfico, banderas de rayas y estrellas por todos sitios nos recuerdan el orgullo americano en cada esquina. El humo que sale  de las alcantarillas no es un efecto especial de las películas, es realidad, y policías supervisan en cada calle. Muchas luces y dos calles más allá nos llevan a la 7 avenida, “Times Square” es una locura de iluminación, transeúntes y tráfico.

Tras un largo día al llegar a casa James nos invita amablemente a subir a la azotea de su edificio (lo que en teoría está prohibido) para poder contemplar la impresionante vista de Manhattan a lo lejos y los dos puentes. Millones de luces amarillas se mueven en la ciudad caótica, neurálgica, que jamás descansa, y esa noche, por primera vez antes de cerrar los ojos sueño despierta con formar parte de ese caos tan atrayente algún día.

El día siguiente se anuncia dinámico. “Lower Manhattan” es nuestro objetivo y la parte más importante de NYC, donde el pasado está presente y el futuro a la vuelta de la esquina. La milla cuadrada más activa del mundo da paso a Wall Street, el centro de finanzas mundial más famoso, donde los booms y las caídas de la bolsa comienzan. Siguiendo el paseo no resulta difícil imaginar a George Washington por momentos tomando la investidura como primer presidente de EE.UU. en el Federal Hall; en estos escasos 400 años de historia que éste país parece coleccionar bastante bien.

Es el segundo día de la caída del gobierno estadounidense y no podemos acceder a la Estatua de la Libertad. Como recurso tomamos un barco de una hora que te da un recorrido por la costa desde East River, Brooklyn Bridge hasta la Estatua de la Libertad. Aunque entrar en Elliot Island, donde ésta se encuentra, es imposible, nos acercamos bastante para poder contemplarla de cerca y hacer algunas fotos. Es extraño, me impresiona pero la he visto tanto que hasta me parece familiar.

Para todos y para el recuerdo quedará grabada la fecha del 11-9-2001 y más para los estadounidenses. Por eso, parada obligatoria es el memorial a las víctimas en el ataque terrorista más impactante de la historia, que se cobró las vidas de 2983 personas.  Tras un estricto control de seguridad en la entrada, la zona cero, que hoy suplanta la base de las antiguas Torres Gemelas por dos piscinas enormes, iguales en superficie, profundas y oscuras, rinde homenaje en el perímetro con su nombre a todas y cada una de las víctimas. Incluidas las del atentado del 26 de Febrero de 1993 que tuvo lugar en el subterráneo de una de las torres. El lugar en sí ha sido diseñado para crear un gran parque en el futuro recubierto de árboles. Contemplar los nombres de los que perecieron nos traslada a cada uno de nosotros al momento en el que vivimos televisivamente éste terrible suceso. Para homenajearlos, los voluntarios del memorial recuerdan con una rosa blanca  los cumpleaños de cada uno de ellos.

Si hay un valor que hay que sacar de todo esto es la grandeza de unidad que dio al pueblo americano; un tejido social cohesionado y solidario. Lo negativo es que el visitante no sabe muy bien discernir lo morboso del sitio con el sentimiento global, y no es de extrañar ver a turistas haciéndose fotos sonriendo delante de las piscinas. Sentimientos encontrados que hacen que el lugar todavía no encuentre una definición pura para mí. Tal vez en el futuro, con la construcción del museo todo recobre mayor significación. Por el momento sólo puedo decir que evoca tristeza y austeridad.

El jueves tengo una misión que llevar a cabo. No es fácil de cumplir. Guillaume, uno de los mejores amigos de Loic de la infancia, se ha desplazado desde Montreal para darle una sorpresa. Él no sabe nada y yo me las averiguo para quedar con Guillermo ese día a las 10 en un café de Times Square, como si fuera fácil encontrarse por ahí. Tras una sarta de mentiras que he tenido que comediar para que mi querido se preste a levantarse más temprano de la cuenta y a ir a una de las calles con mayor muchedumbre de toda la ciudad, lo consigo. Llegamos a Time Square y yo reparo a Guillaume a lo lejos de espaldas en una farola. Loic no se da ni cuenta y cruzando la calle alguien le agarra la cartera. Qué cara se le pone al ver que es su amigo de toda la vida. Jajaj no pude filmarlo pero hubiera merecido la pena.

Con nuestro amigo hacemos una parada no obligatoria pero sí interesante en Perry Street, donde se encuentra la casa de “Carry Bradsow”, la famosa protagonista de “Sex in the City” y dos calles más atrás el apartamento de “Friends”. Paseamos por lo barrios que nos quedan por Manhattan y nos abandonamos a la ciudad.

Así que a partir de ese momento la gran manzana deja de ser un lugar a visitar para ser un lugar a disfrutar. Cervezas van y cervezas vienen nos hacen recorrer “Little Italie”, con sus bares, sus cócteles y sobre todo su encanto. Los dos últimos días con Guillaume nos dan para hablar de todo y de nada, reírnos y festejar como nunca .La ciudad se convierte en un elemento secundario de conversación interesante. Creo que ese es el camino del verdadero estilo neoyorquino.

Como ya expresó nuestro bien amado García Lorca en “Poeta en Nueva York” “Yo creo que todo lo mío resulta pálido al lado de estas cosas que son en cierta manera sinfónicas como el ruido y la complejidad neoyorkina”, allá donde la ciudad es el vehículo para exteriorizar lo creativo, ahí se encuentra Nueva York.

“No preguntarme nada. He visto que las cosas

Cuando buscan su curso encuentran su vacío.

Hay un dolor de huecos por el aire sin gente

Y en mis ojos criaturas vestidas ¡sin desnudo!”

FEDERICO GARCIA LORCA, Poemas de la Soledad, 1910,
“Poeta en Nueva York”

Gran Cañón del Colorado

Como bien explica una de las guías antes de entrar en éste impresionante parque, “El Gran Cañón te deja sin respiración”. La rotura que un día la Tierra ofreció es una de las más grandes e impresionantes del mundo. No sólo es un universo para los científicos, también para los ciudadanos de a pie que pueden contemplar las diferentes capas de la que un día fue nuestro planeta.

Unos ocho estratos que pueden contemplarse, dejando adivinar el origen de los mismos. Desde dos volcanes en erupción, hasta la rotura de la tierra abriendo sedimentos al paso del gran rio Colorado, que un día llevó cuatro veces más caudal que el que lleva ahora mismo.

El desierto en el que está concentrado el cañón hacen del río una fuente especialmente rica, así como su flora y su fauna, únicas en la Tierra.

Llegamos al Gran Cañón un domingo por la tarde en pleno septiembre. Pensamos que vamos a pasar un calor abismal después de haber pasado dos días en Las Vegas a casi 40 grados pero no es así. Un clima fresco, casi helado en las noches contrasta bien con lo que puede ser un desierto soleado en pleno día.

Aparcamos y dormimos esa noche antes de entrar en el parque con la intención de levantarnos temprano al día siguiente y disfrutar de lleno. La entrada se hace bastante fácilmente y todo está muy bien indicado. Hemos decidido ir al South Rim, que es la parte sur del cañón, la más transitada pero también la más alta (2100m de altura) y por consecuencia la más impresionante.

Al llegar todo está muy bien indicado, prueba de que, efectivamente, es un lugar turístico por excelencia, aunque el mes de septiembre en el que estamos no está muy concurrido afortunadamente. 25 dólares de entrada parecen bastante razonables para poder disfrutar de una semana entera en el Gran Cañón si quieres.

Al llegar al parque puedes aparcar fácilmente tu coche y coger los muchos buses que hay, todos gratuitos para hacer las diferentes rutas propuestas y disfrutar de pleno de ésta maravilla de la naturaleza. La idea es evitar la emisión de gases en lo que sería un espacio natural excesivamente transitado, y tienen razón.

El primer día decidimos ir lo más al Oeste posible y así ir conociendo el cañón de Oeste a Este. La ruta llamada “Hermit” no es difícil porque vamos a rodear desde arriba el  cañón viendo diferentes puntos del mismo en lo que serán 17 km de ruta en total pero sin desnivel.

La primera toma de contacto es impresionante ante tanta inmensidad roja, ante ese precipicio que no tiene fin, que parece más bien un antojo de la Tierra para que adoremos sus entrañas. Así que nos recreamos intentando volar en el mismo, con el cuerpo a la mitad a vista de pájaro. A lo lejos y rompiendo el paisaje el río Colorado que, a causa de la escasa lluvia éste año tiene color marrón.

A medida que vamos recorriendo los diferentes puntos de vista (Pima Point, Mohave Point, Hopi Point, Maricopa Point) el paisaje cambia y, con él, los colores desde marrones, beige, rojizos y ocres.

No está mal para un primer día y para una toma de contacto con el gigante rojo. El segundo día nos levantamos con ganas de patear el terreno. El día anterior a lo lejos vemos una de las rutas más famosas del cañón “Bright Angel Trail” y nos levantamos dispuestos a ver hasta donde llegamos. Hemos escuchado que es dura y que hay que llevar bastante comida y sobre todo agua para combatir el calor de la bajada.

El “Bright Angel Trail” es y será una de las rutas más bonitas e impresionantes que he hecho en mi vida. Aunque el primer tramo es un poco empinado y hay que estar bastante pendiente de dónde pones los pies, la bajada por los diferentes estratos y colores no tiene igual. Tras unas tres horas de marcha y ya en plano llegas a una especie de oasis llamado “Indian Garden”, en honor a los antiguos indios que poblaron la tierra (Navajos, Apaches…). Esto te permite recobrar fuerzas antes de la última hora de ruta en pleno desierto hasta llegar al precipicio que termina en el río.

El paisaje en el valle del cañón es desértico total, cactus de todo tipo pueblan un terreno seco y árido. Llegar al final del precipicio donde ves el río pasar con sus rápidos en su parte más baja corta la respiración del senderista.

El tercer día decidimos descubrir la parte Este y lo que llaman la “Desert View” donde el paisaje es menos abrupto y los colores más confundidos, lo que nos muestra que cada parte del cañón tiene su propia personalidad y encanto.

Tres días disfrutando del Gran Cañón del Colorado han sido más que suficientes para apreciar ésta maravilla que la naturaleza un día creó. Suerte o azar que hoy podamos todavía descubrir lugares como éste que nos enseñan lo que fue nuestra casa en un tiempo. Una maravilla entre las maravillas.

Las Vegas

Está anocheciendo y llegamos a Las Vegas. Empieza a hacer más y más calor. Ya bien entrada la noche vemos a lo lejos una nube de luces y polvo en pleno desierto, bienvenidos a Las Vegas.

Entramos en la ciudad y todo es iluminación artificial y publicitaria. La ciudad del pecado se abre a nuestros ojos. Limusinas y gente por todas partes recorren hoteles y stands con millones de luces. Cientos de espectáculos se anuncian en pantallas más grandes que las de Picadilly Circus.

Los hoteles, a cada cual más excéntrico, intentan reproducir el glamour y la historia de diferentes partes del mundo. En todas partes los hoteles están cerca de las atracciones de la ciudad, en ésta ciudad, los hoteles son la atracción. Por eso no es difícil adentrarse en plena reconstrucción de París, con su Torre Eiffel y su Arco del Triunfo, Italia, Egipto…Curioso, en un país cuya historia no remonta más que a tres siglos. Además cada hotel ofrece diferentes espectáculos, como el  Bellagio con sus famosas fuentes que bailan al ritmo de la música.

Lo que hace a Las Vegas realmente diferente así como su principal “bussines”, son sus casinos. Están por todas partes,  en los supermercados, el aeropuerto y hasta para pasar de una calle a otra. Por decir que hemos apostado a algo en Las Vegas, una noche decidimos apostar 10 dólares cada uno en la roulette. Loic elige rojo, yo negro, así uno de los dos seguirá con la jugada seguro. Pues no, sale 00 y se nos queda una cara de pocker…, nunca mejor dicho. Vamos que básicamente en los casinos se viene a gastar dinero, muy pocas veces a ganarlo, pero la naturaleza humana es tan idiota que en vez de parar cuando has doblado tu apuesta sigues apostando para ves si ganas más perdiéndolo todo al final, o gastando más dinero en revancha de tu anterior juego. No hay ni matemáticas ni estadísticas que valgan amigos, el casino siempre gana.

Pero lo más impactante en Las Vegas son los personajes que allí te encuentras, de todo tipo, condición y disfraz. Esto es un “frikilandia” en toda regla . No importa la edad ni la pertenencia, aquí vienes a quemar tu dinero, a beber por todos sitios y a hacer locuras donde nunca antes las habrás hecho.

Al mismo tiempo y, como los parkings de casinos son gratuitos, nunca hemos tenido tanta facilidad para dormir en el coche. Realmente sin problemas. Bueno si, solo uno, las duchas en plena ciudad desértica. Llevamos tres días sin ducharnos y sentimos la imperante necesidad de una. Hartos de buscar duchas públicas o similar acabamos por ver si podemos al menos durante el día pasarlo en alguna piscina de hotel.

Una vez en la taquilla nos piden 60 dólares para pasar a la misma, y resulta ser una “party beach”. De modo que sin guisarlo ni comerlo nos encontramos todo el sábado en una de piscina etilo Ibiza con dj en directo. ¡¡¡Y todo para tener una ducha!!!

En fin, bikini y margarita no están mal para acabar con Las Vegas.

Los Ángeles

Entramos en Los Ángeles el último día que tenemos el camping car, y claro, como nada se nos pone por delante (salvo algún que otro coche rojo), nos metemos en LA. No contentos con eso nos adentramos en pleno Beberly Hills para comer, aparcados en una de esas impresionantes calles, extensas y llenas de palmeras. Sentados dentro del camping car observamos casas de ensueño, coches de exposición donde un “Porche” es el nivel estándar.

Tras pasear un poco reparamos en una “Open House” que está a la venta en pleno corazón de Beverly Hills. El agente inmobiliario al ver que soy española nos deja entrar aunque la pinta que llevamos y al aparcar la caravana en la puerta puede estar seguro  de que no somos de ésta alcurnia. Resulta ser un indio afincado en USA desde hace muchos años y que me habla de España como la experiencia más feliz de su vida. Contento nos deja entrar en la que encima es una reproducción de casa y cultura españolas en el distrito de lujo de LA. Las habitaciones, patio, cocina, baños son todos de inspiración española y no duda en preguntarme mi opinión al respecto después. La verdad es que es preciosa aunque el precio, como es de esperar, es astronómico, 5-6 millones de dólares¡¡¡

Ni cortos ni perezosos nos metemos en pleno Rodeo Drive con la caravana (ahora cuando lo pienso me parece una locura), sitio de las boutiques de lujo por antonomasia. Una especie de oda a la clase, al dinero y a los coches de lujo, un pequeño Champs-Elysées sin el glamour parisino, claro, en un ambiente de fardeo económico que el americano de base no tiene reparos en mostrar.

Segundo día en LA y nos levantamos con ganas descubrir Hollywood y ahí nos encaminamos. Aunque en bus es un poco largo no desistimos a recorrer desde la Universidad, Beverly Hills y Hollywood, el final del trayecto en algo más de una hora. Esta ciudad es una locura, en ella todo es enorme y las distancias son astronómicas.

Llegar a Hollywood es llegar a la meca del cine. Cientos de escuelas de producción, edición etc…se cruzan en cada esquina, mi hermana Sara aquí estaría como pez en el agua. Marco se fliparía con las casas de discos, él que es la semi-biblia de la música y la composición.

Paseamos a pleno sol por la “Walk of Fame”, como bien sabéis, “El paseo de la Fama, o de las Estrellas” que tanto hemos visto en la tele. Penélope Cruz, Javier Bardem o Antonio Banderas son una prueba del rastro ibérico en la industria americana.

Comemos en una tasca mexicana donde encontramos cerveza fresca que contrarresta los altos grados de calor y donde encontramos compatriotas, colombianos y mexicanos que nos hacen pasar un buen momento entre anécdotas e historias.

Volvemos  a coger un autobús que nos deja en Beverly Hills de vuelta. Paseamos por el barrio y conocemos a un jardinero mexicano con el que conversamos un buen rato. Nos cuenta su experiencia con el país del que viene el tan bien conocido “american dream”, a mitad verdad, porque es un sueño que ha de ser trabajado con el sudor de tu frente. Pero quien dijo fácil en el país donde no hay seguridad social, donde ir al médico o tener un problema de salud cuesta todos tus ahorros, si los tienes. Bienvenidos a la realidad de no ser rico en América. Es gracioso porque el simple hecho de hablar español nos enseña la realidad de éste país y nos ayuda a comunicar con la clase trabajadora, en su mayoría mexicana.

Por la tarde paseamos en Rodeo Drive, ahora sí a pie y el lujo y bling-bling son más y más abrumadores. Resulta gracioso por momentos adentrarse en este mundo de maneras y modales.

Llegamos al hotel que tanto ansiaba conocer, el “Regent Beverly Wilshire”, que, como muchos de vosotros sabéis es donde se rodó Pretty Woman,  mi peli favorita, que nunca me canso de ver. He leído en internet que no dejan entrar estrictamente, a no ser que seas huésped pero, no sé, esta tarde hemos tenido suerte y el simpático portero nos deja pasar si somos discretos. Os aseguro que me cuesta calmar mi euforia cuando me encuentro en el mismísimo hall de la película, el famoso ascensor y la cafetería donde Richard Gere reencuentra a Julia Roberts con el espectacular vestido de cocktail.

Tercer día en LA y nos despedimos del piso de estudiantes del primo de Loic, en el que estábamos momentáneamente alojados. Recogemos una pequeña, ahora sí, caravana para desplazarnos y dirigirnos al día siguiente a Las Vegas y luego al Gran Cañón del Colorado.

Este día lo pasamos tranquilamente en Bel Air, donde están las grandes mansiones, más incluso que en Beverly Hills. Como no puede ser menos de parte de  fans de Michael Jackson que somos,  nos decidimos a visitar su casa. La última mansión en la que vivió y en la que murió. Loic me tacha de fetichista, y no le impresiona mucho estar delante de la puerta del rey del pop. Pero yo me lleno de emoción y casi de lágrimas al estar delante del rey que llenó parte de mi adolescencia y del que salía la música. Una rosa de recuerdo es lo mínimo que encuentro para un “I Love You Michael”. Puede ser friki o sensacionalista, me da igual, pero la simple idea de que el cantante más importante de la tierra vivió ahí me emociona y me llena.

Lejos de melancolismos nos dirigimos más tarde a la playa de Santa Mónica. Un paseo por una playa donde el agua no es lo más importante, lo más importante es lo que pasa fuera de ella. Cuerpos musculosos, gente haciendo todo tipo de deportes, yoga, vóley, futbol. Culto al cuerpo y a exhibirlo, que es lo importante.

Esta noche dormimos en el coche, al lado de la playa, mañana emprendemos la ruta hacia Las Vegas.

Ruta 1 de San Francisco a Los Ángeles

Resulta difícil de encaminar la ruta viajera tras haber hecho una parada de diez días en   Berkeley, donde vive la tía de Loic y donde hemos sido recibidos y tratados como reyes. Pero lo que acaba también tiene un principio para algo, y es continuar por nuestra cuenta descubriendo éste país.

Ya en Australia nos habíamos informado del concepto de “relocation” de caravanas. Reservamos una caravana para hacer el trayecto SF a LA en cuatro días pero desplazando la misma a una hora y lugar que le convenga a la empresa. Esto permite ahorrarnos dinero pues cuesta tan sólo un dólar al día, te reembolsan 100 dólares de gasolina y podemos pasar la noche en los sitios que vayamos encontrando. Vamos, un plan perfecto.

Sólo que al recoger la caravana nos damos cuenta de que la susodicha es un monstruo de 10 metros de largo, de alto como un autobús, vamos, enorme. Lo bueno es que tiene cocina integrada, dos mesas, televisión, tres camas, ducha y aseo…vamos que es como una verdadera casa sobre ruedas.

Pero a lo hecho pecho, con nervios y excitación al mismo tiempo nos montamos pensando que vamos a utilizar todos los servicios que ésta ofrece y que vamos a pasar unos días increíbles. Y no os equivocábamos. Seguid leyendo…

Salimos de SF como podemos y el monstruo se porta bien pero es enorme. No podemos aparcarnos, no podemos pasar la noche en cualquier sitio. Una simple maniobra o equivocarse de camino para dar la vuelta es una odisea. Loic está un poco aterrado y nos preguntamos cómo nos dejan conducir una cosa de éstas con nuestro pobre carnet B.

Recorremos la 01 dejando atrás Monterey y haciendo algunas paradas en la llamada “17 milles drive”. Diecisiete millas desde el norte que siguen la costa adentrándonos en uno de los sitios más caros de California. A la izquierda casonas de ensueño, terrenos de golf…a la derecha una costa abrupta, con un microclima gris a veces y una playa llena de focas y pelícanos. La última parte de la llamada “Pebble Beach” nos ofrece un paisaje singular en el Ghost Tree del que no adivinas ni de dónde vienen sus ramas ni sus raíces con ese aspecto. Ved las fotos.

Primer y segundo día recorriendo la costa, pasar desapercibidos con este “big boy” no es fácil. Entramos en los campings y se quedan alucinados con la talla de la cosa y nos piden cifras astronómicas para quedarnos dentro. Nada de nada, nosotros vamos a hacerlo todo buscando buenos sitios.

El tercer día  decidimos a ir a la playa de Santa Bárbara.

-Qué bonito, vamos a aparcar el monstruo y vamos a darnos un paseo por la playa.

-Mira ese parking, dice que sólo caben vehículos de 22 pies dentro.

-Cuantos son 22 pies?

-Crashhh , que coño es eso?

-Te estas llevando un coche por delante…

-No, no avances, retrocede por tu madreeeee

-Oh my Goddddd hemos roto el piloto a un coche

-Y hemos rayado de rojo el camping car de un lado

En fin, mejor vale no relatar la sarta de mierdas que vienen después. Ya lo podéis comprobar vosotros viendo las fotos. Tras esperar al conductor del coche rojo hacemos el parte de accidente y toda la pesca. Con la cara blanca del susto y del disgusto entramos en LA. Queremos quitarnos esta pesadilla ya de encima. Pero todavía nos queda un día.

Entrando en LA encontramos un sitio para “dump” es decir, eliminar los residuos de los baños ejem… acumulados durante cuatro días, pues es obligatorio. Pasamos dos horas leyendo las instrucciones de las tuberías en inglés, que si quitar el tapón derecho y abrir el izquierdo, que si cierra el izquierdo y abre el derecho, que si el tubo no llega….que si vamos a hacerlo ya, que si yo lo hago, que si ohhhh nos cae todo encimaaaaaa, ahhhhggg que ascooooooooo por dios…

Tenemos un mal fario con este camping car.  Al llegar a la agencia de alquiler lo tenemos ya casi asumido, y así es, la broma nos cuesta 1000 dólares, nos hemos llenado de pis y por poco se nos olvida darle el ticket para que nos reembolsen la gasolina; lo bueno es que le hemos quedao la marca de la bandera española de recuerdo.

La próxima vez que se nos ocurra coger una cosa así nos lo pensaremos dos veces.