Salar de Uyuni y Lagunas de color

Algunos dicen que esta es la parte más salvaje y espectacular de Sudamérica y, la verdad, no se quedan cortos después de lo que han visto nuestros ojos. Encaminarse al Salar de Uyuni es encaminarse a un desierto blanco y plano que jamás hemos imaginado ni en sueños.

El pueblo de Uyuni, al sur de Bolivia es un pueblo sustentado en el turismo gracias a su salar. Llegamos en la tarde y decidimos recorrer esta especie de pueblo fantasma más parecido a los pueblos del oeste americano que a los de la mismísima Bolivia.

Contratamos un tour por tres días con una empresa que nos parece correcta y seria. Digo esto porque la afluencia de turismo es tal que por Internet se cuentan todo tipo de estafas  y abusos. A veces los conductores van ebrios, se pierden, los coches se averían por la sal,  los servicios no son los demandados… En fin, nos aseguramos bien antes de que esto ocurra. Cabe la pena decir que, como en casi todos los destinos en nuestro viaje ( y éste no iba a ser menos), hemos barajado todo tipo de posibilidades para poder hacerlo por nuestra cuenta, pero no aquí, el salar es interminable, no alquilan vehículos ya que la posibilidad de que te pierdas en medio de tanta sal es muy alta. No hay señalización ni carreteras y las noches son frías como en todo desierto.

A la mañana siguiente emprendemos la ruta con un grupo joven de lo más unido. Gustavo y Manuel de Uruguay, Liz de EEUU y Ken de Japón nos amenizan las jornadas y las horas que pasamos dentro del 4×4. Mejor imposible, en no mucho tiempo llegamos a ser una piña, reímos y festejamos lo que hará nuestra experiencia inolvidable.

El primer lugar a visitar es el cementerio de trenes. Decenas de máquinas y vagones abandonados, herrumbrosos y oxidados sirven hoy de exposición. Hace algo más de un siglo, en 1899, estos trenes fueron los primeros de Bolivia y trasportaban plata y pasajeros comunicando la región de Potosí con lo que es hoy Antofagasta, Chile. La triste historia de trenes se repite en toda Sudamérica. Un auge de los mismos fue impulsado en muchos países pero luego poco a poco fueron quedando obsoletos al acabarse las riquezas que se explotaban.

Unos cuantos kilómetros más allá nos encontramos con el principio del Salar de Uyuni, donde podemos contemplar el método tradicional de extracción de sal en pequeñas pilas para que se evapore el agua y facilitar el transporte.

Y por fin el impresionante Salar de Uyuni, este mar de sal blanco que se confunde con el cielo, tan plano que la visión es infinita. El mayor desierto de sal del mundo que un día fue un gran lago acumula en su interior minerales como litio, boro, potasio y magnesio. La sal acumulada llega en algunas zonas a 10 capas de un metro a diez de profundidad.

La sal se forma gracias al agua de lluvia que se acumula en el salar y que crea una especie de lago entre los meses de Enero y Marzo. Durante esta época se puede ver el reflejo de las nubes en el suelo, las noches muestran a las estrellas en un paraje donde suelo y cielo son universo. Pero no estamos en la mejor época y nos conformamos con el ligero color café que se vislumbra a lo lejos. En algunos tramos es completamente blanco dependiendo de la lluvia que haya caído.

En medio del salar, la Isla del Pescado alberga cactus milenarios de más de 10 metros. El panorama es completamente indescriptible, una isla de rocas y corales presidida por cactus gigantes y rodeada de una sal impoluta. Ni nuestro ojo ni nuestra razón llegan a abarcar semejante panorama que parece sacado de un cuento de ciencia ficción.

La primera noche nos albergamos en un hotel de sal. Y cuando digo de sal es que todo absolutamente todo es de sal. Paredes, camas y hasta lámparas están hechas de sal. Vamos que uno no tiene que añadirle sal a la comida si está sosa, le basta con rascar un poco la pared y listo.

El segundo día está repleto de sorpresas pues vamos a descubrir la zona de lagunas de colores, a cada cual más impactante como podréis apreciar en las fotos. Tras hacer dos paradas en llanuras del altiplano y rocas porosas que al viento se le antoja modelar, paramos a comer en la primera laguna, Laguna Charcota, laguna blanca producto del bórax que alberga flamencos rosados que al reflejarse en el agua denotan su esbelta belleza.

En el coche podemos apreciar el paisaje que cambia todo el rato, tan pronto pasas de tonos blancos a verdosos, de llanuras a rocas redondeadas en ésta parte del mundo de tan difícil acceso y tan pura a la vez.

El árbol de piedra es sin duda una demostración de los designios del viento pero quizás lo más impresionante para el ojo humano es descubrir la Laguna Colorada. Esta laguna se forma gracias a un micro-alga que al contacto con la luz le dan ese color rojizo pudiendo vivir en ambientes muy salados. Es absolutamente impresionante para el ojo humano pero el viento que desprende bórax es tan fuerte que el panorama que aprecias es muy breve en el tiempo.

Otro albergue básico en el que pasar la corta noche que nos espera nos traslada al tercer día. Sin agua para ducharse ni electricidad. Esto nos endurece mucho más en la aventura. A decir verdad ya nos habíamos concienciado.

A las 4 de la mañana hay que levantarse si queremos ver los “geiseres” en plena acción, especie de vapor de azufre que expulsa la tierra a más de 160°. La zona volcánica que atravesamos es un paisaje lunar en la tierra, cientos de geiseres y hasta una zona de lava se abre dejando ver la lava real que expulsa el tóxico azufre.

No son ni las 6 de la mañana, la noche ha sido corta pero nos divertimos saltando entre los geiseres y haciendo el ganso un poco antes de proseguir la ruta. Nuestro chófer, Juan Carlos no puede más con un grupo que es tan loco y nos avisa del peligro de saltar estas chimeneas de azufre. Algunos turistas se han quemado haciendo eso con lo que nos quedamos quietos un poco antes de descubrir la Laguna Verde.

Pocas horas más tarde estamos en la frontera con Chile para dirigirnos por dos días tan solo a San Pedro de Atacama. Luego nuestro destino será Salta donde el norte de Argentina nos espera.

Potosí

Potosí es la ciudad más alta del mundo con 3.900 m, si no consideramos El Alto, que forma parte de La Paz. La ciudad en sí guarda más secretos e historia que lo que se puede apreciar hoy en día. Por eso no más de un día y medio nos parecen suficientes antes de llegar al Salar de Uyuni.

La ciudad es conocida por su riqueza minera concentrada en el Cerro Rico, que preside la ciudad en su costado. Desde tiempos de los españoles éste cerro fue explotado para extraer plata del mismo. Carlos V dio la orden de considerar a este lugar una villa y el asentamiento español fue en incremento durante su reinado.

El Cerro Rico albergaba tanta plata en su interior que muchas crónicas de la época hablan de que ésta podía incluso verse desde la superficie de la tierra. La peor parte de la historia la sufrieron los indígenas, que trabajaron sin descanso para colmar las expectativas y la codicia españolas. Los miles de túneles que hay hoy en su interior fueron explotados y muchos de ellos con consecuencias fatales para los mineros, para los cuales el único consuelo era el mascado de hojas de coca para poder soportar el trabajo, ahuyentar el miedo y esconder el hambre. Un dato muy curioso es que el 12% de su salario iba destinado al consumo de hojas que coca, lo que muestra las condiciones denigrantes en las que trabajaban.

Potosí llego a ser un asentamiento rico de nobleza española, de ahí el dicho de “vale más que un potosí” para resaltar el valor de algo. Y es que hasta en el mismo Quijote se nombran las ricas minas de Potosí…

Pero lo que pudo ser un pasaporte a la riqueza y hegemonía españolas no fue mas que desidia, pues España derrochó su plata de manera tan absurda en Europa que todo el que comerciaba con ella acababa rico, dejando al país hispano en plena bancarrota.

Llegamos en pleno día y recorremos unas calles presididas por casas señoriales y coloniales. Las iglesias muestran la ostentosidad y el buen hacer de la época y se puede vislumbrar que un día esta ciudad fue muy pero que muy rica.

Estando aquí no puedes perderte dos cosas, la visita a las minas y la casa de la moneda, pero ambas nos parecen tan turísticas y se habla tan mal de ellas en los foros que decidimos cambiar de planes. Por eso preferimos subir por nuestra cuenta a los barrios mineros donde descubrimos el monumento al minero y podemos hablar con muchos de ellos sobre su trabajo y su rutina. Extrañados nos preguntan que qué hacemos ahí, en esa parte de la ciudad, a lo alto, que no es frecuentada por turistas…Un señor se ofrece para repararnos las zapatillas ya destrozadas de tanto andar y es el mejor momento que pasamos en Potosí entre risas, anécdotas y en los barrios que tocan el Cerro Rico.

Sucre

Bolivia comparte dos capitales y una de ellas es Sucre, la capital constitucional del país debido a su historia, que abarca desde antaño hasta nuestros días.

Llegar a una ciudad donde el sol reluce ya es una ventaja, y más si tenemos en cuenta que Sucre es llamada  “ciudad blanca”. Grandes edificios e iglesias pintadas de éste color contrastan con el azul del cielo.

Nada mas llegar buscamos un hostal donde pasar dos noches. Recorremos el centro de la ciudad a diestro y siniestro buscando un hostal decente, no muy caro pero con Internet. El acceso es prácticamente imposible en ésta ciudad y es que Bolivia aun carece de una buena conexión. Oímos que se están llevando a cabo proyectos para poner en marcha un acceso más agilizado  mediante un satélite pero desafortunadamente nosotros no conoceremos tan lejano avance. Muchos hostales nos aseguran que sí tienen conexión. Pedimos comprobarla, Loic sobre todo, el experto de los expertos, pero con tantas preguntas los hosteleros se enfadan rápido y tenemos que salir por patas en más de una ocasión. Por fin nos topamos con un hostal enorme y anticuado cuyo dueño nos recibe abiertamente. La conexión es lenta pero al menos funciona.

Y es que el pueblo boliviano, por lo general, se siente intimidado cuando preguntas sobre un servicio o una compra. O al menos esa es la traducción que yo hago. Su comportamiento es mucho más sistemático, compras o vendes pero rápido y nada de preguntas. A nosotros nos choca este comportamiento pero también hay que ponerse en su lugar y pensar que a lo mejor ellos se sienten algo acorralados, cuando lo único que buscamos, sin ánimo de ofender, es algo de información.

Desde nuestra llegada el mercado acapara toda nuestra atención. Es domingo y al mediodía se puede disfrutar de un buen almuerzo. Dos platos y bebida que principalmente se componen de sopa y “milanesa de pollo”. A nosotros nos encanta mezclarnos con la gente local así que repetimos varios días. El ambiente no es lo más higiénico que hemos visto en nuestra vida, pero después de lo que llevamos viajado creo que nuestros estómagos están a prueba de bomba. A veces no somos bien recibidos en lugares así y es frecuente encontrarnos con cantinas que nos rechazan por el simple hecho de ser turista o blanco. O te ignoran en sentido literal. Bueno, hazañas del viaje.

Por suerte no es el caso de todo el mundo y disfrutamos de los típicos postres donde mezclan helado, yogur, fruta y chocolate. Recorremos el mercado que es todo un arte en la exposición de frutas y verduras cuidadosamente seleccionadas y brillantes. Las fruteras orgullosas nos enseñan su mercancía y nos dan a probar los más exquisitos manjares, frutas extrañas que nunca antes habíamos probado o con otro sabor totalmente diferente, y por supuesto compramos.

El segundo día, cientos de manifestantes llenan las calles y la plaza central de Sucre. Jubilados reivindican un segundo aguinaldo para las Navidades como el resto de funcionarios. Se movilizan y se hacen notar para este fin, prueba de que es un pueblo que lucha por lo que quiere y avanza.

No haremos muchas visitas a museos en la ciudad porque es feriado pero recorremos desde la colina hasta la Plaza de Armas que luce soleada y llena de gente. Aunque sin duda la imagen más bonita con la que nos quedaremos será la Iglesia de San Francisco desde los tejados del centro de Sucre. Proximo destino Potosí.

Huayna Potosí

La Paz tiene una localización ideal para los deportes más arriesgados y aventureros. Para mí ya fue suficiente con la bajada del Camino de la Muerte desde los casi 5000 metros, pero Loic tenía aún un sueño que cumplir, subir un 6000, el Huayna Potosí. Y es que La Paz está tan cerca de altas cumbres( Huayna Potosí e Illimani) que puede considerarse que la ciudad misma vive en una cumbre que se convierte en rutina para los indígenas.

Por eso Loic toma fuerzas y valor para subir un 6000 que se anuncia prometedor. Yo le animo con creces pero no me animo a mi misma. La forma física debe ser extrema, la resistencia al frío y sobre todo el mal de altura(soroche) en ésta subida pueden ser brutales.

Y es así como Loic vive plenamente su aventura mientras yo me recorro las calles de La Paz deseándole lo mejor en cada minuto. No va muy convencido, el desafío es grande y uno nunca sabe como puede gestionar tu cuerpo la montaña, pues nada tiene que ver con el estado de forma, más bien con la aclimatacion. Pero desde Puno en Perú llevamos ya varios días en altura así que no debería ser un gran problema.

Muchos expertos califican al Huayna Potosí como un 6000m fácil, pero ojo, no en el sentido de esfuerzo, que es casi mayor que otros, más bien en el sentido técnico, pues la utilización de crampones y piolet es muy básica.

Así que bien temprano en la mañana despido a mi Loic que lleva 15 kg de peso en la mochila que deberá subir a los 6088m del Huayna Potosí. Todo con la ayuda de Miguel Llusco, un guía profesional experimentado que lo acompañará durante toda la ascensión.

La subida en dos días se compone de ejercicios básicos sobre hielo para poder caminar y subir, de la no leve caminata al campamento base de 5300 para dormir, y de la ascensión en la noche del día siguiente. Hay que acostarse a las 6 de la tarde para estar listo y comenzar a ascender a la 1 de la madrugada. Que descontrol de cuerpo y de horario¡¡¡

Ya dispuestos a partir, Loic me cuenta que no ha pegado ojo en toda la noche, fruto del estrés y probablemente de la altura. Muchos de los que se alojan con él en el refugio no pueden salir ya que el dolor de estómago y las náuseas de la altitud han hecho sus estragos.

De noche y con su lámpara frontal como único punto de luz sale encordado al guía y caminan cuatro horas entre la nieve y el hielo, a temperaturas extremadamente bajas y sin otro sonido que el de la montaña que duerme.

Algo después de que el alba asome sus primeros rayos, Loic asciende y pisa fuerte en la cumbre,el primero de ese día. El tiempo esta despejado, la nieve blanca y pura y el sentimiento de que el mundo está a tus pies es indescriptible. Veo y reveo los vídeos y las fotos una y otra vez. No hubiera estado al alcance de mis piernas pero vivo su felicidad momentánea y me emociono al escucharlo.

Pocos minutos en la cumbre no son suficientes para la adrenalina que descarga el momento, pero son lo más seguro para encaminar la bajada. Cuidado con las piernas, el hielo resbala y en algunos tramos no tienes ni espacio para poner los dos pies. Uno tiende a subestimar una bajada que en un 6000 se hace ardua y dura.

Me encuentro con Loic en la recepción del Hostal donde me he alojado durante dos noches sin su compañía. Cuando lo veo está deshecho, muerto de cansancio y eufórico a la vez de haber conseguido llevar a tu cuerpo a un extremo del mundo que es el techo del Lago Titicaca. Lo abrazo y estoy tan orgullosa de él y de su persistencia que cada paso detrás del otro, lento y pausado en la montaña, parece que fue mío cuando me cuenta la hazaña.

Lejos de lo mejor y de lo peor, soy capaz de entender que la montaña encierra secretos y vivencias que sólo aquellos que las materializaron comprenden. El techo del mundo, ese que se ve desde abajo alcanzable guarda en sus entrañas hostilidades y proezas. Este 6088 guardó las tuyas y recordarás que la lucha es tangible si el paso es seguro y sin miedos.

La Carretera de la Muerte

La ruta de la muerte es una de las actividades que no puedes perderte si estás en La Paz y te gustan las emociones fuertes. A decir verdad me decidí a hacer esta ruta en mountain bike primero sin saber de cierto su peligro, y segundo, y lo que es más grave, sin tener experiencia ninguna en bici.

Pero ahí estaba yo, ni corta ni perezosa, vistiéndome de los pies a la cabeza de la parafernalia protectora que te dan antes de subir a la vertiginosa cumbre. Esta empieza cerca de los 5000 m y corta la respiración. Los primero minutos pasan lentos y el monitor nos explica la ruta con curvas cerradas “serán cuatro horas de bajada desde los casi 5000 a los 1600m” “cuidado, la bici coge velocidad, las curvas son cerradas”. Y tanto… con ojos de miedo pero intentando disimularlo el grupo nos miramos unos a otros sin decirnos nada. La tensión se respira en el ambiente.

Nada más llegar un accidente de un camión que se ha salido de una curva nos da un pequeño aperitivo de lo que va a ser el trayecto. Y mejor no conocer ni el nombre “Ruta de la muerte” ni las víctimas que la misma se ha cobrado cada año (más de 300) antes de poner los pies en los pedales.

En fin, que me aventuro a la aventura extrema, yo que soy tan tranquila, y en la primera bajada de asfalto voy la última del grupo. El coche escoba viene detrás de mí y eso me da seguridad. Primeras pedaladas y yo a mi ritmo, intento no mirar la cantidad de cruces seguidas clavadas en la cuneta, aunque en cierto modo es inevitable. Dios, donde me he metido.

Pero la primera parte del trayecto es de asfalto y la adrenalina puede más que el miedo en un principio. Cada vez más confiada con la bici alcanzo más y más velocidad, adelanto hasta a algunos de mis expertos compañeros “bikers” adoptando la postura aerodinámica en la bici y nunca mejor dicho, todo va sobre ruedas.

Cuando ya empezaba a hacerme con la bici, el asfalto y las curvas, de repente el camino cambia. Piedras y tierra componen el camino que baja vertiginosamente. Los monitores nos paran y las consignas son de tremenda importancia. “Tienen que estar siempre concentrados, esta carretera sólo se circula por la izquierda para dejar paso e inercia a los coches que suben”. Que¡¡¡¡ Debemos circular del lado del precipicio a un metro y a veces 20 cm del abismo de 800m en algunos tramos. Pero si no hay sitio ni para dos coches¡¡¡

Otra vez la sensación de hormigueo que me recorre el estómago, otra vez cruces por todos lados en cada curva. Me agarro al manillar y encamino la bajada apretando los frenos constantemente. Tanto que me llegan a doler las manos. Es imposible hacerlo de otra forma.

Hacemos un descanso en “la curva del diablo”, si, ya sé, los nombres no son del todo tranquilizadores. Muchas, y cuando digo muchas, son muchas personas las que han muerto en ésta curva que algunos califican de diabólica. Se dice que a las 2 de la mañana la mayor parte del tiempo los vehículos se precipitan al vacío al creer que la carretera sigue recta en ésta curva tan cerrada. Alucinaciones o realidad, la verdad es que tantos vehículos conducen horas y horas sin descansar ésta ruta tan traicionera que puede que la fatiga aquí se antoje fatal.

Lejos de la morbosidad y lo macabro, la ruta es una maravilla para el amante de las sensaciones sobre ruedas y  la naturaleza. Con el velocípedo atraviesas ríos, cascadas, barrizales…

Diviso el final a lo lejos, seré una superviviente más en la bajada tortuosa. Me duelen las manos de apretar los frenos, los antebrazos y los hombros de dirigir el manillar.

Me queda la buena experiencia que no sé si  se superpone a la moral de divertirse en un camino trágico. El precipicio abrupto y caprichoso se quedó por fin atrás, vivos y muertos recordarán la única vía que une La Paz con la selva amazónica. Un pensamiento por los que perecieron, de haberlo sabido creo que no me hubiera aventurado a correr el riesgo del pasaje a la otra vida. Puedo decir que hice “la carretera de la muerte” una vez, pero con certeza no dos, no vayamos a tentar al destino con osadías absurdas.

La Paz

La llanura del altiplano en torno a los 4000 m de altura nos conduce a la inmensidad de La Paz. La capital más alta del mundo se deja ver desde El Alto, donde se ubican los barrios más populares y es impresionante ver la demografía que se ha instalado a lo largo de los años en esa cubeta con pendientes vertiginosas que componen las calles de esta singular ciudad.

Desde lo alto la idea general de la ciudad masificada no es tan plausible como recorrer las arterias principales de la misma. Bienvenidos al caos, al desconcierto, las bocinas y la muchedumbre “una India en Sudamérica”. Donde los mercados salen de todas y ninguna parte, las cholitas (mujeres típicas bolivianas con bombín y faldas de colores llamadas “polleras”) cruzan en cada esquina o esperan pacientes vender la fruta del día.

Pero el caos que en un principio puede parecerme desconcertante se vuelve natural y hasta lógico al cabo de los días que paso en la capital. Más que nada porque por primera vez en el viaje será una ciudad que descubra sola, y eso, para lo bueno y lo malo me da otra visión que se me hace agradable.

Nada más llegar en domingo tenemos la suerte de presenciar en vivo y en directo una de las fiestas más famosas de La Paz, la del Señor del Gran Poder. Orgullosos los bolivianos salen a la calle con sus mejores galas y de punta en solfa bailan y beben al ritmo de la música tradicional que dura todo el día.

Será una de las pocas veces en el viaje en la que puedo apreciar que la alegría y la fiesta son posibles en un país donde por comportamiento general no expresa mucho ni comunica, donde el intercambio y las vivencias se quedan en saco roto. Y es que la población en general es tímida y discreta y a veces miran al extranjero como si de un extraterrestre se tratara, aunque esto no les intimide en sus costumbres y tradiciones.

La pertenencia andina aquí adquiere mucho más significado y al menos eso ha querido resaltar su presidente Evo Morales, proveniente de familia aymara  y cultivadora de coca desde antaño.

La coca en Bolivia adquiere un carácter más que preciado, es un culto a la raza y a la tradición. No es extraño ver en una fiesta a mujeres mascando hojas de coca o recibiendo a sus invitados con éste mate (infusión aquí). Pero el “acullico” que así se llama al mascado de coca, no tiene solo una función festiva, también fue utilizado antiguamente para soportar las duras jornadas de trabajo en el campo y las minas, ya que ésta sustancia tiene como propiedades saciar el hambre y dinamizar el cuerpo. Aunque su principal virtud es la de combatir el mal de altura, aquí llamado “soroche”, y, creedme, en una ciudad a casi 4000 m de altitud, cuando subir dos escaleras te pone el corazón a prueba de bomba, sí que es necesario un buen mate de coca. Pero ojo, no hay que confundir la hoja de coca con la cocaína y de hecho el eslogan típico que encuentras mil veces en La Paz es “la hoja de coca no es droga”.

En La Paz nos quedamos seis días, no sólo por la ciudad en sí, también por las posibilidades que ofrece a su alrededor. Hacemos al día siguiente de nuestra llegada una bajada en bici por la famosa “carretera de la muerte” que merece por supuesto un artículo especial y Loic se ausenta dos días para escalar su primer 6000 m, el “Huayna Potosí”. Esto me da alas para descubrir la ciudad y sus calles.  El Mercado “aymara”, la feria de artesanías, los edificios principales  o incluso el Museo de la Coca no tienen ya secretos para mí. Lo más curioso es el “mercado de hechicería” que en pleno centro de la ciudad expone todo tipo de amuletos y productos de brujería, básicos para la vida indígena y andina cuya creencia es firme y absoluta. Te encuentras desde inciensos y amarres para lograr a tu amor, hasta rituales para conseguir una buena casa y un coche o, el producto estrella, el “bebé llama” disecado, que se utiliza para quemar y enterrar cada vez que se inaugura un nuevo edificio y tenga la protección de la tierra.

En fin, que buenos momentos quedaran  en mi recuerdo caminando entre las calles de La Paz donde, a pesar del bullicio constante pude encontrar mi propio relax.

Ya con Loic y su compañía recorremos los alrededores de la ciudad y unas formaciones blancas como estalactitas que suben desde el techo nos encaminan al Valle de La Luna. Desértico y lleno de cactus por todos lados constituye un sitio original donde pasar el día.

A su regreso soy yo la que muestra a Loic los sitios principales de la ciudad y juntos subimos al balcón del Kili-Kili donde se puede apreciar su aglomeración presidida a lo lejos por el grandioso pico del Illimani, de más de 6000m.

Decimos adiós a La Paz para descubrir el centro del país, atrás la capital en las alturas, la que conversa con las nubes y yace en el corazón de los Andes, la que ensalza a pobres en El Alto y mece a ricos en sus profundidades. La que conoce mejor que nadie los secretos de Los Andes y los antojos de la madre tierra rodeada por las cimas blancas de una escalera al techo de Bolivia.