Bogotá

Ya estamos en Bogotá, la que es nuestra última parada de Colombia. Nuestro hostal en la Candelaria está regentado por una señora local muy simpática que nos recibe en toda hospitalidad al ver que llegamos con la lengua afuera. Y no es para menos, el centro de la capital está en una colina de calles empedradas y repararse de noche entre ellas no es fácil. Aquí las direcciones se escriben en cruces de calles y “carreras”, por ejemplo, la 12 b con la séptima, lo que hace que tengas que conocer muy bien la ciudad para ubicarte. Ni siquiera la policía es capaz de darnos la dirección exacta y buscamos sin descanso durante una hora. Al final todo se encuentra.

El barrio de La Candelaria un sábado como esta noche es un hervidero de marcha y estudiantes que salen por los barecitos típicos del centro histórico de la ciudad, cervezas y chicha, licor a base del fermento de maíz hacen que el alcohol suba a la cabeza de manera rápida. Aunque todavía no es Halloween ya se pueden ver pandillas enteras disfrazadas.

Salimos del hostal para tomar algo en un garito al lado del conocido “Chorro de Quevedo” la famosa plaza que dio origen a la ciudad y todo es bohemio con un ambiente realmente agradable. Música del pacífico en directo es un regalo para nuestros oídos mientras nos tomamos una buena “Club Colombia” (una de las cervezas locales que más nos gustan).

Al día siguiente nos reunimos con unos amigos, Lawrence y Juliana, que viven en Bogotá y nos dan un paseo de lujo por la ciudad. Quedamos en la Plaza de Bolívar, en pleno centro de la Candelaria y está llena de gente, de palomas y de puestecitos de artesanía en los rincones que le dan un aspecto de domingo. Pasear en la Candelaria entre casas coloniales de muchos colores, patios de ensueño que conservan el encanto de hace 300 años es un lujo. Bogotá está empezando a enamorarme realmente.

Con nuestros amigos recorremos diferentes barrios de la ciudad, comemos en la “zona T” conocida por ser la más comercial y moderna, tomamos el verdadero café “Juan Valdés” entre conversaciones interesantes y paseos en Usaquén cuya artesanía creativa no nos deja indiferentes. Escuchamos música en el parque, hip-hop colombiano lejos del vallenato que conocemos o de los exitosos colombianos Shakira o Juanes que a mi tanto me habría gustado escuchar.

El día siguiente lo completamos con visitas y museos. En pleno centro se encuentra el Museo que Botero legó al pueblo de Colombia. Sus pinturas infladas y gordas de personajes, mujeres, bodegones…han dado la vuelta al mundo haciendo de él un autor inconfundible.

A media mañana nos pasamos por “La Puerta Falsa” el bar más típico y famoso de Bogotá donde no puedes perderte el “Chocolate completo” un chocolate caliente con queso fundido servido con pan y mantequilla. Aunque puede parecer algo extraño esta delicioso.

Luego subimos al cerro de Monserrate en el teleférico a 3152 metros para bajar andando. Estamos muy cansados en la bajada y en general en Bogotá, y no es de extrañar, una ciudad a 2700 metros de altura de repente en dos días no dejan al cuerpo adaptarse a la altura. No habíamos contado con eso. A cualquier sitio donde te desplaces, andar y subir las calles fatiga mucho más que en cualquier otra ciudad.

Pero Bogotá me enamora, y me dan ganas de volver a Colombia. Volveré a la ciudad donde se respira cultura, donde las bibliotecas invaden las calles, donde el saber no ocupa lugar…Colombia es un país de futuro en los raíles del desarrollo y de la economía cuyo proceso de cambio no puede más que ir a más y mejor.

Cali

Hay una decisión que tomar en Cartagena, no tenemos mucho tiempo y antes de regresar a Bogotá podremos sólo pasar por una ciudad ante la falta de tiempo. Cali o Medellin. Aunque todo el mundo nos recomienda Medellin, pues su arquitectura es “hermosa”,  he oido tanto hablar de Cali como “La Ciudad de la Salsa” que no podemos resitirnos a conocerla a pesar de ser una de las ciudades más peligrosas de Colombia y de toda América del Sur.

Tras muchas advertencias de amigos, lecturas de guías y blogs, nos empapamos de la ciudad antes de pisar en ella. Antes de poner los pies ya sabemos lo que podemos o no podemos hacer, donde podemos o no podemos estar. Si bien en Colombia uno no se puede pasear tranquilamente o callejear como a nosotros nos gusta, es en Cali donde todo el mundo hace más hincapié. Siempre hay que desplazarse sabiendo donde se va de antemano.

El taxi nos cuenta que ni él mismo puede pasar en  zonas rojas, guetos donde la droga y el narcotrafico dominan.  Son tantos los mensajes de alerta y precaución que al llegar me siento temerosa en sitios que realmente no lo muestran. Este sentimiento me dura cinco minutos, luego ya se me olvida y Cali es capaz de ofrecerme lo que andaba buscando, gente con la que hablar y de la que aprender.

Cali o más correctamente Santiago de Cali es la tercera ciudad más importante de Colombia. Aunque en las noticias su violencia es lo que prevalece, ni eso ha impedido dar sombra a la llamada “Ciudad Mundial de la Salsa”. Y es que, aunque la salsa no sea originaria de aquí, sino de Cuba y Puerto Rico, es en Cali donde ésta adquiere una gran popularidad. Tanto es así que la llamada “Salsa Caleña”, salsa vieja, ha adquirido una connotacion para los amantes del ritmo latino. Salir en Cali es “rumbear” lento y sencillo, dejándose llevar por el ritmo de los mejores. El “Tin Tin Deo” es uno de los sitios típicos de Cali, dan ganas de bailar y bailar, y las mujeres, tan conocidas por ser las más guapas de Colombia destacan por su salsa sensual y sutil.

El barrio de San Antonio es uno de los más antiguos pero también más caracteristicos de la ciudad. Desde la Capilla de San Antonio se aprecia a lo lejos la ciudad de Cali.Paseamos por el mismo y visitamos el Museo de Arte Moderno La Tertulia.

Tras conocer éste barrio un “couchsurfier” nos contacta para invitarnos amablemente a pasar unos días en su casa. Situada en el famoso barrio de San Fernando su apartamento es nuevo y moderno. Se trata de un médico cirujano instalado en Cali que nos abre las puertas de su casa y quien hace que pasemos unos dias inolvidables. Jorge y su novia Lorena nos cuentan cosas sobre Cali, también conocemos a Moisés, un amigo con el que salimos de copas una noche. Nos cuenta cosas increíbles, anécdotas y su parecer político.

Aprendemos mucho sobre la curiosa historia de un país bastante estable políticamente cuando muchos a su alrededor eran presos de regímenes dictaroriales. Colombia no ha tenido el problema politico, tenía otros problemas como el narcotráfico que empezó a emerger en los años 80 con Pablo Escobar como cabeza de cartel. Esta fama y la asociación de la cocaína a Colombia irrita y enerva a los Colombianos que aclaman ser vistos como país íntegro sin esa asemejanza. Pero, es difícil cuando Lasfarc y la guerrilla están aun presentes en las montañas y en la selva amazónica, tan densa, cuando la pobreza es todavía tan extrema como para no poder sobrevivir sin ello, cuando campesinos se encuentran entre la espada y la pared ante cultivos que le dan de comer el pan de su mesa.

El gobierno de Pastrana concentró sus energías en dar un golpe bajo a la droga aliándose a EEUU en lo que se llamó “Plan Colombia”, cuya inversion se destinó a comprar aviones que arrasaran de ácido los campos de coca. El resultado del pacto colombo-norteamericano, con Clinton en aquellos años a la cabeza fue un desastre, no sólo porque los campesinos se quedaron sin sustento y sin otros cultivos, sino también porque al no atacar al productor sino a la materia prima no solventó el problema, ni siquiera lo mejoró. Después de Pastrana, otros como Uribe han centrado sus campañas en esta lucha, segun dice el pueblo colombiano, en vano, ya que hasta las capas más esféricas de la cúpula política están metidas en el negocio del narcotráfico. Un país complicado pero interesante.

Lo cierto es que Colombia cambiará y su economía es la prueba de que lo hará en los próximos años a marchas forzadas. La educación es una de sus principales bazas, la cultura del pueblo medio te dice que es un país en vías de un desarrollo masivo que no quiere dar la espalda al progreso ni a lo  que pasa en el mundo.

Otro sitio curioso en Cali es parque del perro, es un referente de la ciudad de Cali y, no es más que eso, un parque con una estatua de perro en el medio. El ambiente alli es estudiantil y universitario, bares y restaurantes rodean la plaza con un tiempo y un calor muy agradable.

Tras unos días de descanso y salsa en Cali nos dirigimos a Bogotá, la capital de Colombia. Nos hemos hecho una buena idea de la ciudad del Valle del Cauca, como dicen aquí los orgullosos caleños “Cali es Cali y lo demás es loma”(nada como Cali). Nos vamos después de pasar unos días de conversaciones y risas, tras beber zumos de lulo y, por supuesto, con la idea de no acrecentar la burbuja de lo peligroso,  no seremos nosotros quienes alimentemos ésta fama, porque Cali, si se sabe donde se va es una ciudad como otra cualquiera.

Cartagena de Indias

Un vuelo cambiado a última hora nos retrasa y aísla una noche en la ciudad de Bogotá nada más aterrizar. Una acalorada discusión con la compañia que operaba el vuelo Bogotá-Cartagena nos ofrece una noche en un super hotel de la capital colombiana. Una copiosa cena a cargo de la compañía y una habitación lujosa nos hacen pasar las pocas horas de noche que nos quedan para empezar nuestra peripecia en Colombia, cuyo primer destino es Cartagena.

Decidimos empezar por Cartagena porque además de que alli nos espera nuestro amigo Román, es un buen comienzo con Colombia desde el norte y luego ir bajando descubriendo el país.

Cartagena, o la ciudad amurallada, coserva mucha arquitectura de tipo colonial en sus casas, colores y balcones. La ciudad fue fundada por el madrileño Pedro de Heredia en 1533, en un sitio estratégico que llegó a ser el mayor puerto comercial de América en su  época. La ciudad está rodeada por dos entradas de agua del Mar Caribe llamadas “Bocachica” y “Bocagrande”, ésta última se ha convertido hoy en uno de los mejores barrios de la ciudad, con sus altos edificios y rascacielos.

Los españoles nombraron a ésta ciudad la capital de Nueva Granada, así llamado el territorio colombiano en esa época. Más tarde se apelaría con el nombre de Cartagena del Poniente para diferenciarla de Cartagena del Levante, la de España.

Aunque la conquista trajo cultura y evangelización hay que rendir cuentas a la historia y reconocer las barbaries que pudieros haberse hecho como españoles, pues ésto nos hace progresar como pueblo y avanzar como humanos. El comercio de esclavos negros, traídos de áfrica, la represión y vigilancia de la Insquisición…

Lo que me alegra es escuchar un español tan puro y tan lejos de mi casa, el ver una arquitectura que mezcla los balcones extremeños con las casas andaluzas y sus patios interiores, que me acerca a mi tierra y al final me acuerdo tambien de los 200 hombres de Colon que desembarcaron para Conquistar una nueva India tras penurias y esperanzas. Y la historia tiene dos caras que reclaman ser leídas con justicia.

El primer dia paseamos por Cartagena y su antigua ciudad amurallada. Aun se conservan restos de cañones y defensa de la época ante franceses e ingleses, pues una vez descubierto este puerto fue el escenario de numerosos asaltos.

El calor del Caribe nos cae y un sol ardiente nos deja por momentos respirar la mezcla de Colombia con Cuba y Puerto Rico. Aquí la cultura es diferente, y la gente más sonriente que en el resto de Colombia, según dicen, aunque también más lenta y menos rigurosa jajaja, no es de extrañarse si esperas tu café que has pedido hace media hora o si has quedado con alguien y se retrasa dos horas. El Caribe es el Caribe, y no hay prisas ni estrés, que es eso?

El 11 de Noviembre de 1811 se firma en acta de Independencia de España. Mucho esfuerzo a esta labor es debida al “Libertador” Simón Bolívar, figura clave cuyo objetivo era convertir las antiguas colonias españolas en confederaciones independientes. Aunque su fervor y empeño ha sido aclamado por las masas acabó sólo y pobre. Un Napoleón Bonaparte de sudamérica.

Con amigos pasamos unos dias increíbles en la casa colonial. Toda ella pintada en amarillo y azul, toda abierta para dejar pasar la luz y adaptada al calor de Cartagena, con una piscina en medio que da un aspecto bohemio y ayuda a descansar. Y descansamos como nunca, comiendo comida típica colombiana, patacones (platano machacado y frito), arroz con coco, deliciosos pescados y carnes, jugos de maracuyá, guayaba y mora que quitan el sentido. Festejamos, reímos y conversamos sintiéndonos tan a gusto como en nuestra casa.

En la mitad de nuestra estancia hacemos una excursion de un día a las Islas del Rosario. Un conjunto de islas pequeñas y de playas de agua verde cristalina. Para saborear lo mejor del Caribe, no hay nada mejor, la gente que nos vende en la playa parecen felices y contentos. Seguramente no son los más ricos del mundo pero no les faltan amigos y sonrisas y ésto nos hace reflexionar sobre lo importante de la vida. El pescado es delicioso, frescas langostas se venden a precio muy asequible….musica del caribe y del pacífico de fondo nos acompañan esa tarde.

Acabamos nuestra visita a Cartagena con el Castillo de Felipe de Barajas. Es una fortaleza de origen español con un sinfin de laberitos adentro y una tecnologia de cañones y armas muy adelantadas para el puerto en esa época. Al llegar un colombiano se propone para hacer de guía y al escucharnos hablar español nos dice” déjenme contarles el legado tan importante que nos dejaron sus ancestros” jajaja no necesito escuchar ésto para decirle que sí, por eso y amablemente le rechazamos su oferta. Más tarde vemos al mismo guía acercándose a una familia colombiana, y dice así “déjenme contarle cómo los españoles se llevaron todo nuestro oro” jajaja y ahí exploto a reir a más no poder….en fin muy gracioso, se adaptan a la cara del cliente.

Con pena de alejarnos de Cartagena nos despedimos de nuestros amigos pero con ganas también de emprender de nuevo el viaje desde nuestros ojos, pisando con nuestros pies tierras colombianas pero con la prudencia que el país necesita. La proxima parada sera Cali y ahí nos dirigimos.