Puno e Islas Uros

Nos dirigimos al Lago Titicaca y la ciudad de Puno al sur de Perú  es el sitio por el que se suele pasar antes de la frontera con Bolivia. La ciudad nos recibe con nubes y no es tan bonita como nos la imaginábamos.  Hay poco que ver aparte de la Catedral y La Casa del Corregidor, no es una ciudad especialmente bella ni con encanto.

Por la manana subimos al Mirador del Cóndor y esto si merece la pena. La vista al Lago Titicaca se abarca en la lejanía. Hablamos con habitantes del lugar que nos recomiendan encarecidamente las Islas.

Al bajar, escribientes en plena calle ejercen su trabajo. Es curioso como las profesiones aquí surgen dependiendo de la necesidad. Los escribientes se sientan en la acera de las calles con una simple banqueta y una mesa de madera y con su maquina olivetti ayudan a la gente con los papeleos y los tramites. No hay que olvidar que en Perú mas de la mitad de la población es analfabeta y necesitan de estos servicios. Uno de ellos nos cuenta su trabajo y yo no hago mas que acordarme de mi padre que tenia una olivetti azul , ya pieza de colección, y que ganaba con creces a todo el mundo en cuanto a pulsaciones y redacción se refiere. Ya sabes papa, aquí la maquina de escribir no ha muerto y hasta la veo con cierto romanticismo.

Pero antes de acabar el día y tras un almuerzo típico en un comedor peruano, cambiamos nuestros planes. Como nuestro tiempo es limitado no pensamos en un principio en visitar las islas pero las de Uros están tan cerca y merecen tanto la pena, por lo que nos cuentan los habitantes, que es una tontería irnos de aquí sin ver algo que es único en el mundo.

Y es que estas islas son únicas porque son islas flotantes. Cuenta la leyenda que los Uros han sobrevivido gracias a estas islas artificiales que sirvieron en su época para defenderse de los Incas, que no tenían ningún interés en conquistar otra cosa que no fuera tierra. Y así perduraron en el tiempo. La construcción de las islas se hace cortando y utilizando la llamada totora, especie de canas, y tras capas y capas estas hacen un suelo que flota conformando así el terreno. Es así como los Uros viven en medio de las aguas del Lago Titicaca, con escuelas, iglesias y todo  lo necesario. Al pasear por la isla te das cuenta de que se mueve un poco, es curioso. Hoy en día la comunidad vive mucho de la artesanía y del turismo que llegan para ver su forma de vida, aunque también a caballo entre tierra firme y totora cuando lo necesitan, debido a los riesgos de vivir permanentemente expuestos a la humedad.

Nos despedimos así de Perú y de su encanto, de un país diverso y de las maravillas que nos ha mostrado, ciudades coloniales de ensueño con una luz brillante que enamora, volcanes, desiertos y dunas, ruinas y arqueología que cortan la respiración, gastronomía criolla, montañas y selva, no se puede pedir más.

Cañon del Colca

Desde Arequipa un bus por nuestra cuenta nos lleva al Canon del Colca, un increíble canon, el segundo mas profundo del mundo con 3250 metros. El viaje desde Arequipa nos lleva por parajes que nunca hubiéramos creído. Un tramo del camino llega hasta los 5000 m de altitud donde la vegetación es casi inexistente y las rocas se recubren de un verdoso que nunca antes he visto. El autobús, local, va parando en cada esquina del camino montando quechuas y campesinos que incluso de pie pagan por un trayecto de cuatro o cinco horas.

La diversidad del paisaje es impresionante, grandes llanuras altas, manadas de llamas libres como el viento, rocas cortadas por la erosión, vamos uno de los viajes mas bonitos que hemos hecho en bus desde que llevamos viajando, aunque también de los mas peligrosos.

La demora tarda 6 horas pero llegamos sanos y salvos a Cabanaconde, un pueblecito donde vamos a pasar la noche antes de empezar la caminata, todavía no sabemos si en dos o tres días. Me mentalizo para andar y aguantar la altura porque los tres días serán duros pero también inolvidables, si pienso en los paisajes que he podido ver en las guías. En nuestra posada en el pequeño pueblo conocemos a Mirko, un antiguo guía de montana que nos da consejos para la ruta del día siguiente. Es un verdadero personaje pero nos reímos mucho con el, degustamos un plato de pasta caliente cada uno antes de irnos a dormir tempranito.

Al día siguiente suena el despertador a las 6, pero el despertar no es un problema porque la luz de la montana que entra por la ventana lo hace por nosotros naturalmente.Emprendemos la ruta a las 7 de la manana hacia el pueblo mas cercano ya adentrándonos en pleno canon. Tres horas de bajada entre curvas imposibles y sinuosas, piedras y cactus que nos llevan a la parte media del camino. Vamos rápido andando y lo que eran cinco horas lo hemos hecho en tres.

Una hora de subida mas y la aldea nos reserva unas cocacolas frescas para recargar energías e hidratarnos. Nos encontramos con aldeanas graciosisimas con las que me hago fotos en las que parezco una gigante. Un senor nos ensena su camada del ano de conejillos de indias, plato típico aquí cocinado con papas. No soy vegetariana pero no tiene ningún reparo en explicarnos como los coge, los corta, los desangra….en fin creo que no voy a probar cuy en Perú después de tan detallada explicación. Es una tontería porque comemos todo tipo de carnes y ni siquiera sabemos por los procesos por los que pasan, solo que aquí eran tan explícitos que apagaron mi curiosidad culinaria.

Dos horas mas de bajada por rutas imposibles y a veces peligrosas de cara al precipicio y a la inestabilidad de la ruta nos llevan al Oasis de Sangalle. Llego tan reventada que ver esa piscina de agua clara mezclada con la roca es la mejor recompensa que he tenido jamas después de un esfuerzo. Y que esfuerzo, la que debía ser una ruta de 8 horas la hemos hecho en cinco, no estoy tan mal físicamente como me creía.

Pasamos medio día en el Oasis y es una de las pocas veces en el viaje en la que me siento de vacaciones realmente. Tomando el sol en las hamacas, leyendo y durmiendo una pequeña siesta. Ummm , este lugar es el paraíso, pensamos quedarnos un día mas pero cuando anochece la cosa cambia. Sin luz que abastezca el Oasis las noches son muy largas y sin linterna lo único que podemos hacer después de cenar es dormir. Nunca nos hemos acostado tan temprano, a las ocho estábamos en la cama. Merecemos un buen descanso porque lo que hoy ha sido bajada en el canon manana es subida, brutal y empinada en tres horas.

A las seis de la manana emprendemos la subida con el agua que nos queda y algunos frutos secos. La subida se hace esperar pero en tres horas esta hecha. No tenemos suerte porque salvo un gato andino, no hemos visto los famosos cóndores que todo el mundo viene celosamente a contemplar.

Pero si el autobús de ida se hizo demorar, el de vuelta se hace de lo mas irrisorio. A las 11 tenia que salir de la Plaza de Armas de Cabanaconde, pero son las 11 y 20 y el conductor todavía esta arreglando el autobús debajo del mismo. Tranquilamente, aquí en Perú las cosas van despacio, los locales ni se inmutan pero los pocos turistas que vamos a viajar en el nos miramos de reojo como diciendo, menudo bus en el que nos vamos a montar si lo están reparando ahora. En fin, que salir salimos pero no sin antes pararnos a recoger a todo quechua viviente que este por el camino y que  viajan de pie a cincuenta en un autobus con 46 asientos y con una ruta vertiginosa a mas no poder. Pero no pasa nada mientras ande. Antes de llegar al segundo pueblo pincha una rueda y el autobusero ni corto ni perezoso se pone su mono y empieza a arreglarla. Miro a Loic y creo que se va a comer a algún Quechua y al autobusero.Con el calor y la espera es admirable como los locales nunca se inmutan ante problemas así, simplemente esperan y se resignan. Como europeos algo deberíamos aprender de este comportamiento. Claro que mi revolucionario francés no esta en absoluto de acuerdo conmigo.

No sabemos como llegamos sanos y salvos a Arequipa, tras siete horas de bus negligente. El paisaje es esplendido y único en el mundo. Aprendo que lo que para nosotros es inconcebible para un país como este es el pan nuestro de cada día y la paciencia, definitivamente, es una virtud.

Arequipa

Arequipa es sin duda la ciudad más bonita de Perú. Si bien Cuzco es señorial e imponente, Arequipa, la ciudad blanca, construida de piedra volcánica porosa, no deja indiferente. Se dice que la Luna se la olvidó al separarse de la Tierra.

Arequipa es una luz que sólo me recuerda a Andalucía y a Sevilla, las casas coloniales e iglesias, tan majestuosamente construidas, son un ejemplo del florecimiento español de la época que se ha mezclado durante siglos con la cultura aymara (procedente del Lago Titicaca) y la cultura inca. Esta riqueza se ve en una ciudad que se moderniza a pasos agigantados a pesar del tráfico y el bullicio.

Lo primero que descubrimos es la Iglesia de la Compañía y pienso que semejante belleza debe ser nombrada, el patio interior en piedra gris con columnas talladas intenta dar austeridad a un ambiente que tiene magia de por sí. La fachada de la iglesia jesuita es también prueba de ello. Juzgad vosotros mismos la luz, los contrastes, la geometría y la belleza final de las fotos.

Pero Arequipa, además de ser una hermosa ciudad, tiene un emplazamiento privilegiado que se deja descubrir nada más entrar en la Plaza de Armas, cuya catedral está flanqueada detrás por el Chachani (6065 m) y el volcán Misti (5822m).Como si de una postal se tratara la vista es espectacular.

La catedral es moderna, pues no en vano, este sitio tiene como moneda de cambio un catastrófico pasado manchado de terremotos y erupciones. La última en 2001. Por eso ha sido restaurada y en apariencia es moderna. Tiene dos peculiaridades, y es que es la única en Perú que ocupa todo el ancho de una plaza y es una de las pocas iglesias que tiene derecho a llevar la bandera del Vaticano, de las 100 que hay en el mundo.

Una rápida visita a la oficina de turismo nos da información de lo que hacer en los próximos días. Iremos al Cañón del Colca por nuestra cuenta en una expedición que durará tres días. Mientras tanto dos días disfrutando de Arequipa nos quedan por delante.

Una de las visitas obligadas es el “Museo Santuarios Andinos”. Es un museo reciente ante el descubrimiento de la momia “Juanita, la princesa de los Hielos” en 1995. En perfectas condiciones desde hace 500 años, Juanita fue descubierta con un montón de utensilios con ella en su tumba funeraria como vasijas, joyas, tejidos y demás…Lo que en principio parecía una visita fructífera e interesante se torna todo lo contrario. La necesidad obligatoria de un guía no es más que para alargar la visita a un museo que tiene escasamente tres salas. Un video explicativo te introduce en la historia de una niña sacrificada a los dioses para evitar desgracias procedentes del volcán Ampato. Pero el vídeo intenta inventar un “cuento de caperucita” explicando que ella misma quería ser sacrificada cuando murió adormecida y en ayunas de un gran golpe en la cabeza. “Ella quería pertenecer a los dioses, ella quería ser inmortal”, claro como los otros 20 niños encontrados momificados y helados. En fin, creo que este intento de transformar la realidad de una cultura donde los sacrificios humanos y animales estaban a la orden del día es simplemente un engaño. Y lo digo como española que no se esconde ante las barbaries que hayan podido causar mis ancestros en ésta tierra.

Al final del museo no te enseñan ni a la famosa “Juanita”, sino a otra momia parecida que tienes que ver en una cripta helada y casi sin iluminación.

Lo único positivo que saco, es que los estudios llevados a cabo han podido extraer mucha información de la vida y costumbres andinas e incas.

El segundo día visitamos lo más espectacular de Arequipa, El Monasterio de Santa Catalina. Este monasterio construido por los españoles albergaba monjas de alta clase social provenientes de España y hoy llega a ser tan impresionante que es llamando “una ciudad en la ciudad”.

Adentrarse en sus pasillos, patios y claustros te hace viajar en el tiempo. A pesar de haber sufrido muchos terremotos la reconstrucción después de los mismos le ha dado un aspecto diferente en cada una de sus partes. El claustro de las novicias en azul capta la luz de manera magistral lo que contrastaba con sus vidas de clausura. Las “novicias” debían dedicarse al silencio, la contemplación y la oración cuatro años hasta decidir finalmente si se convertían o no en monjas. Pero su vida no era tan difícil como parece en los primeros tiempos, ya que las habitaciones se componían en su mayoría de dos salas con todo lo necesario (además del ajuar que cada una aportaba) así como una cocina con horno individual y cuatro criadas a su disposición. Curioso, si cabe, pero no podemos olvidar que algunas de las novicias provenían de las mejores familias españolas que pagaban por ellas una gran suma de dinero.

El claustro naranja, de las monjas ya consagradas es una verdadera maravilla, no sólo por la luminosidad de los clores y la exquisitez de los detalles, plantas, fuentes…sino también porque puedes perderte en las calles, todas con nombres de ciudades de España.

Cabe destacar que éste lugar es también de peregrinación ya que albergó a Sor Ana de los Ángeles Monteagudo, que fue beatificada en 1985 por el Papa Juan Pablo II. Se le atribuyen milagros y predicciones de todo ámbito.

La gastronomía arequipeña tiene mucho renombre así que no podíamos irnos sin probar el famoso “ceviche” pescado al limón casi crudo servido con ensalada. Demasiado ácido para mi gusto, no acabé el plato. Lo que sí me gustó es el “mate de coca” (infusión de coca) que aquí lo hacen además en forma de cocktail con muy poquito de aguardiente y algo de jengibre.

Nos despedimos de una ciudad en la que hemos estado muy muy a gusto y de la que el recuerdo de su luz se nos quedará grabado. Próximo destino Lago Titicaca (Puno).

Pisac

Poco conocida por los viajeros por la falta de tiempo Pisac es, según los expertos, una etapa esencial si eres un enamorado de la cultura inca. Decidimos visitar estas ruinas en compañía de nuestros amigos españoles y así pasar el día con ellos antes de despedirnos.

Pisac se compone de terrazas incas y desde arriba de ellas se puede apreciar todo el valle de Urubamba, el primero antes de entrar en el Valle Sagrado. Por eso Pisac es una buena primera etapa para los viajeros que se dirigen al Machu Picchu.

Las ruinas encima de una gran colina albergan desde un centro ceremonial muy bien conservado con rocas hasta templos. Pero, sin duda, lo que más me ha llamado la atención de ésta visita son las sepulturas incas, como agujeros cavados en la roca vertical de granito y arcilla. Desgraciadamente todas han sido saqueadas por lo que llamaron “huaqueros” en la época y sólo existen los huecos. Esto denota no solo el contacto con la naturaleza, tan importante para los incas, también con la montaña y las alturas. Buen sitio para morir, en todo caso.

De regreso a Cuzco nos despedimos de nuestros amigos, no sin antes prometernos volvernos a ver, ya sea en Lyon, ya sea en Gerona. Nos damos cuenta de que los sitios los hacen las personas (como ya me habréis escuchado decir antes en algún que otro artículo) y en todo caso, nosotros nos llevaremos un recuerdo grato e inolvidable de este encuentro recíprocamente compartido. Hasta muy pronto amigos.

Moray y Salinas

Dirección a Cuzco no podemos perdernos estas dos famosas ruinas. Temprano cogemos un colectivo que nos deja en Moray.

Las ruinas son terrazas circulares incas geométricamente ingeniadas y cavadas en la tierra en forma de cubeta. Estas terrazas fueron construidas para experimentación de plantas en función de la profundidad y humedades, creando un microclima en cada una de ellas. Vamos, un laboratorio de plantas de hace cinco siglos.

Pasando por pueblitos que más bien son aldeas y por campos trabajados por campesinos propios del siglo pasado, con los bueyes tirando de las yuntas para arar la tierra, llegamos a Maras.

De ahí emprendemos un camino a pie de dos horas a las Salinas Incas: pozos de sal de cientos de años de antigüedad  que se forman gracias al paso del agua salada que se cristaliza más tarde. En la época lluviosa el agua se acumula y la época seca corresponde a la recogida de sal.

Parece mentira el legado que dejaron los incas, lleno de sabiduría y de saber hacer que aun hoy en día el Perú indígena conoce.

Volvemos tarde a Cuzco con un bus local de cuatro horas y nos encontramos de nuevo con nuestros amigos Rosa y Rubén, con los que compartimos una buena cena. El día ha sido largo y completo.

Ollantaytambo

Además de ser una parada obligatoria del visitante que viene de Machu Picchu, Ollantaytambo es el ejemplo de ruinas incas que denotan la sabiduría y el saber hacer de éste pueblo. Las canalizaciones están todavía en funcionamiento en la actualidad cuando la montaña de deshiela. Es increíble ver esto en las propias ruinas y en el propio pueblo de callecitas estrechas que aún conservan el empedrado y el funcionamiento de las pequeñas acequias que orientan el agua.

Ollantaytambo es además un sitio emblemático para el orgullo Inca, pues fue la primera batalla que “Manco Capac” ganó a Hernando Pizarro, según cuentan las leyendas gracias al sistema de aguas pudiendo inundar a los caballos del enemigo, obligando a
éste a retirarse.

Este es un pueblo actual instalado en y con las ruinas incas, como si forma del paisaje se tratase.

Pasamos la tarde subiendo los empinados escalones de las terrazas incas, respirando el aire puro donde el valle sagrado se hace más hondo, donde las montañas áridas combinan con la selva que hemos visto 28 kilómetros atrás.

Un café en la Plaza de Armas nos despierta de la siesta y visitamos el Museo del Cacao. Probamos los granos de cacao en estado puro, sin procesado ni azúcar. Está más amargo pero es particular. Aprendemos mucho de éste manjar de mayas pasado a aztecas y más tarde a incas que conquistó a los españoles en  plena conquista. De esta forma el chocolate llegó a Europa, al principio a las noblezas de más alta clase de España e Italia, como bebida caliente,  hasta que la Revolución Industrial democratizó su consumo. Un regalo al paladar el poder degustar chocolate puro (sin manteca de cacao), mezclado con leche o blanco (sólo con manteca de cacao) de las más laboriosas y artesanales culturas de cuyo producto es originario.