Phnom Penh y los “Jemeres Rojos”

Llegamos a Phnom Penh tres días después de nuestra entrada a Camboya. El trayecto es difícil en un autobús que no hace más que locuras y adelantamientos de vértigo en un país donde las carreteras no están adaptadas (hay baches por todos sitios) y, por supuesto, nada de autovías. Loic me dice que es el trayecto más peligroso que hemos hecho con diferencia. Yo prefiero no mirar.

En Phnom Penh nos quedamos solo un día. La ciudad, después de haber visto Siem Reap no tiene mucho en sí, salvo por su historia en el conflicto de Indochina y el genocidio de “Jemeres Rojos” (Khmer Rouge), del cual soy totalmente ignorante.

Ejemplo más que evidente de que viajar enseña y te ayuda a ser autodidacta, autocrítica y a buscar las respuestas a tus preguntas en conflictos que ni siquiera antes habías escuchado. El caso es que tras la Guerra de Vietnam y, tras la independencia colonialista francesa de Indochina y de Camboya, dentro de ella, se instala un gobierno déspota y sangriento.

El sistema totalitario instalado, con trazos comunistas, ejerce el poder bajo la dirección de Pol Pot desde 1975 hasta 1979 y deja tras de sí miles de muertos en un genocidio sin precedentes.

Visitamos la cárcel instalada en Phnom Penh “Tuol Sleng” y el museo del genocidio. Aunque muchos podrían tachar esta visita de macabra te da una clara idea sobre el régimen, los castigos y la vida en la prisión. La barbaridad humana llega a límites insospechados, y somos capaces de lo mejor tanto como de lo peor.

Yo, que soy muy sensible a éste tipo de sitios, me quedo de piedra al ver las fotos de cientos y cientos de indefensos, entre ellos niños, presos de una época y de unas ideas que se escapan a todo razonamiento. La prisión consta de tres edificios donde puedes ver desde las minúsculas celdas de 80 cm x 2 m, hasta los sistemas de tortura… En el aire se respira un ambiente extraño, mezcla de tristeza y desesperación, ahí lugar donde tantas personas han perecido. Mi pensamiento, aunque por un instante va con ellos.

Salimos de la prisión y encontramos al único superviviente de éste sistema. Ahora tiene 80 años y una mirada de esperanza. Ha escrito un libro y nos lo enseña, nos da la mano y leemos el último párrafo de sus memorias que dice así:

“Si hubiera sido uno de mis guardianes de celda no me hubiera cuestionado las órdenes ni un momento. Los entiendo, en su lugar hubiera hecho lo mismo que ellos, pues mi vida hubiera dependido de ello…”

“Por qué yo viví cuando todos murieron, por qué yo?”

Siem Reap

Salimos de Tailandia dirección Camboya. Sabemos que el trayecto hasta nuestro próximo destino, Siem Reap, será largo. Sobre todo porque entre medio tenemos que pasar la frontera con Camboya y por lo que he leído sobre el tema es bastante chungo; timos y corrupción están a la vuelta de la esquina así que hay que estar al loro.

Tras un mini autobús agitado y desde las 7:30 en carretera nos acercamos a la frontera. Antes de llegar nos bajan en un restaurante con el típico timo de que tienes que arreglar el visado allí, sólo que el visado que ellos te arreglan vale casi dos veces más. Un dinero corrupto y un timo que, por más que sea público por internet, todo el mundo cae. En fin, ahí llegamos nosotros al restaurante y al ver que no íbamos a hacer ningún trámite, ya que sabíamos lo que había detrás, nos montan en una furgoneta y nos llevan directamente a la frontera sin el resto del autobús, vamos para que no nos diera tiempo de advertir a la gente del timo en cuestión.

Una vez en la frontera  y ésta vez ya con nuestras dos mochilas cargando, nos hacen pagar el pasaporte. En teoría tienes que aportar una foto y son 20 dólares, pero vamos, es de risa, es según la cara que tengas y lo que les apetezca decirte. Y encima de malas maneras. El tío me dice que tengo que pagar 20 dólares más 100 bahts (moneda tailandesa), me conozco la historia y discuto con él porque por ley son 20. El tío no tiene argumentos y de todas formas la gente no le planta cara así que acabo haciendo mi visado por 20 como la ley lo dicta. La corrupción en la misma policía.

Después te dicen que si pagas 10 dólares más te lo hacen en seguida, otra cuartada más que se tienen montada para sacar dinero al turista. Así que, como por supuesto no accedemos a tal chantaje, nos metemos en una cola a pleno sol y con temperaturas de 40 grados una hora y media. Eso de castigo.

Tras las huellas dactilares y demás, nos dirigimos al bus que nos lleva a Siem Reap. Es supuestamente un bus público donde viajan además muchos turistas, con lo que nos hacen parar cada hora casi en restaurantes caros y demás. Yo creo que el objetivo es que no llegues a las 5, como estaba previsto, sino a las 8 después de cenar y ya bien de noche para cuando llegues a la estación de autobuses de Siem Reap y los tuc tuc, igual o más corruptos, te asalten, ya que es más difícil orientarse de noche.

Vamos que la tarde se anunciaba movidita aunque conocemos a dos franceses y durante el trayecto no paramos de reírnos de la cantidad de timos por lo que nos hacen pasar y en los que ellos también han caído. Decidimos quedarnos juntos en la misma guesthouse esa noche y cenar juntos porque, aunque tarde hemos llegado al destino. Una barbacoa al estilo camboyano y unas birras frescas y todo está olvidado.

Qué pena que la entrada del país te dé una imagen inicial tan corrupta e irreal de lo que podría ser un paraíso. Qué pena porque lo que guardan al interior es una verdadera joya. Esto lo descubrimos al día siguiente.

El despertador suena a las 4:30. Nos levantamos con dificultad pero nos alegramos ya que a esa hora no hace el calor del día y tenemos un día entero para visitar los Templos de Ankor Wat. Alquilamos unas bicis ya que la zona arqueológica está a 6 km de la ciudad. A pesar de haber dormido poco nos sienta bien el paseo. Camboya a estas horas tiene mucha vida, la gente hace deporte, salen, compran…

La llegada al templo principal es impresionante, amaneciendo…Ankor Wat es una maravilla. Todo el conjunto es una red con un sinfín de templos dedicados a la religión hindú desde el 1100 a.C. Se dice de Ankor que fue la primera civilización con  intento de industrialización de la historia. En todo caso, las construcciones son enormes, e impresionantes. Ya lo podréis ver en las fotos. El segundo templo es un entramado de árboles que se confunden con la roca, una pasada. En fin, imperio extraño capaz de hacer monumentos maravillosos y que desapareció de forma extraña, probablemente por la invasión de civilizaciones de China y Mongolia.

Esa noche cenamos con los franceses de nuevo, de quienes nos despedimos como se debe, buena fiesta, baile y cervezas. Aunque la comida en Camboya no sea lo más fantástico que he probado nunca me decido a probar serpiente roja, jajaj si, sabe a pollo, os lo prometo. Los demás intentos, como podréis ver en las fotos son demasiado para mi escrupulosidad gustativa.