Tokyo & fin de Japón

Llegamos a Tokyo, la ciudad eléctrica, la capital de Japón, donde miles de personas se cruzan cada día en el mismo camino y donde todo el mundo trabaja de manera desmesurada. El metro nos parece un caos, pero no para ellos, quienes saben bien cuál es su camino. No es fácil de coger ya que funciona por distancias, cuanto más lejos vayas más cuesta.
Dejamos nuestras cosas en un albergue tradicional llamado Taito Ryokan, Ryokan quiere decir albergue en japonés. El recepcionista es un tío simpático y bastante particular que habla un inglés japonizado que nos hace reír las dos noches.
Esa tarde recorremos Kaminarimon , un paseo típico con un merado que acaba en uno de los templos budistas más conocidos de la ciudad Sensoji Temple, curiosamente el más viejo de Japón. Antes de entrar puedes dar una ofrenda y pedir un deseo, después tienes que sacar un palito con unas letras en japonés y buscar el cajoncito al que corresponde. Loic me dice que lo haga, mi devenir me dice que “no puedo pescar un pez grande en aguas turbulentas, que espere a que el agua se calme” me augura un gran viaje (cosa que puedo confirmar) así como boda y empleo regular. Vamos que no voy a ser rica. Tampoco lo quiero después de esta experiencia, me doy cuenta que vivir es la riqueza al fin y al cabo.
Recorremos el barrio de Asakusa a pie. La ciudad es preciosa, limpia, la gente se desplaza en bici la mayoría de las veces. Llegamos al parque del mismo nombre del barrio, enorme. Nos damos cuenta al día siguiente que Tokyo a pesar ser una ciudad muy viva y con ello contaminada, tiene muchos parques enormes y zonas verdes.
Para terminar la noche nos vamos al famoso cruce de Shibuya. Como podréis ver en el video que os colgaremos, podemos decir que es uno de los cruces más famosos del mundo. Las personas parecen hormigas regidas por semáforos que respetan al pie de la letra. Sólo que esta noche hay una excepción, y tenemos la suerte de vivirla en vivo y en directo. Japón juega para clasificarse en el mundial contra Australia. Nos vamos a cenar y vemos el partido empatado. Volvemos a Shibuya para coger nuestro metro y percibimos una marea de gente queriendo asaltar el cruce, sólo que la policía, extremadamente eficaz controla la situación en todo momento. Es gracioso ver una especie de Cibeles en Japón y me es de un placer enorme ver que la gente sale a la calle dejando atrás el estereotipo del japonés tímido y respetuoso.

 

Al día siguiente vemos la Tokyo Tower, una Torre Eiffel. Los japoneses no iban a ser menos, tienes ganas de tener la suya propia solo que de colores rojo y blanco. Es una prueba de su admiración al país galo tan conocido por su elegancia y glamour. Más tarde comemos algo cerca de Takeshita Street, un Candem Town en Tokyo donde puedes encontrarte los looks más disparatados y la meca de las adolescentes que buscan la extravagancia, la moda manga o “souvenirs” de sus grupos favoritos.
Acabamos el día cenando con Chihiro, amiga de Lyon que no veíamos desde hace cuatro años. Cenamos tapas a la japonesa, muy ricas. Nos contamos la vida y recordamos viejos tiempos. Nos da algunas ideas para el último día que será mañana antes de coger nuestro tren hacia Nagoya y de ahí a Osaka. Nos entristece despedirnos, las despedidas siempre son tristes.

Acabamos Tokyo un día nuboso haciendo algo particular, vamos al Tsukiji Market. Uno de los mercados de pescado más impresionantes y famosos del mundo. Por casualidad y andando por el puerto damos con un templo no muy conocido donde asistimos a una verdadera ceremonia budista. Loic echa una siesta, no me lo puedo creer ¡Desde que hemos empezado el viaje hemos intercambiado los roles. Ya os podéis suponer lo que estoy disfrutando que no se me escapa una.
Llegados a Nagoya hacemos una despedida a la japonesa como se debe. Junto con Julián y las chicas cantamos hasta perder la voz en un karaoke. Fun fun, no me quiero ir de Japón.

Mil gracias a Julián por su hospitalidad y sus explicaciones, gracias por, desinteresadamente, hacernos descubrir esta cultura que tanto aprecia.

Adiós Japón, hasta pronto.

Kyoto

En contra de lo que muchos puedan pensar Kyoto no es una cuidad enorme llena de edificios y rascacielos, es más bien la ciudad más tradicional de Japón. En ella encontramos los templos más exquisitos e impresionantes, también los más originales.
Julian nos hace descubrir el primer jardín zen que vemos en Japon. Se llama Hassô Garden. En él, a pies descalzos, recorremos una especie de porches que dan lugar a vegetaciones y vistas cubiertas de vegetación en una colina de la que apenas se vislumbra la altura. La parte más impresionante es sin duda la parte zen. Está compuesta por cuatro rocas que representan las cuatro islas de Japón y ocho más representando aspectos que sólo la filosofía budista puede explicar. El arado que se hace alrededor de cada una de las rocas da una sensación de paz y calma indescriptible. El silencio es sepulcral.

Seguidamente nos dirigimos a un templo budista especialmente original. El llamado “Fushimi Inari Shrine” es un templo dedicado a la economía y la prosperidad. El símbolo es el lobo. El templo en sí es una ruta senderista compuesta por un sinfín de caminos que suben y bajan. Lo más curioso es que todo el trayecto está cubierto de lo que antes os nombré como Tori. Imaginaos una ruta llena de columnas rojas que llegan a pequeños altares que representan diferentes empresas de Japón. Y es que aquí religión y trabajo, prosperidad y negocio están muy ligados, cosa que no es nada usual en Occidente. Imaginaros si es importante para ellos estar representados en éste templo que una columna puede llegar a costar 10.000 euros. La gente va a rezar y a pedir por el buen funcionamiento financiero, en fin, en todo se puede creer.

Llegamos al atardecer. Tras dejar nuestras cosas en un albergue tradicional, de nuevo, regentado por jóvenes, dejamos nuestras cosas y nos instalamos en la habitación. Como muchos sabréis, la importancia del suelo en Japón es esencial, en el albergue te desplazas descalzo y con pantuflas especiales en función de si vas de una estancia a otra. Papá a ti te molestaría un poco vivir aquí, pero te puedo asegurar que es muy agradable andar descalzo en las estancias, a veces de madera oscura, otras un parque tejido de paja muy suave. Las camas están en el suelo y el té puedes tomarlo de rodillas lo que ellos llaman “seiza”o sentados. Todo es cuestión de acostumbrarse. Las puertas prácticamente no existen, son todas correderas, lo que les hace ganar en espacio y le da un aire minimalista y sencillo.
Decidimos , ahora ya sin Julian (pero siguiendo sus sabias instrucciones) adentrarnos en la ciudad a través del autobús, ya que en Kyoto funciona bastante bien y prácticamente nadie coge el metro. La primera noche hacemos el barrio de Gion, barrio donde hay bastante ambiente nocturno y con suerte puedes encontrarte hasta Geishas, aunque la costumbre de la refinada y culta dama de compañía se está perdiendo un poco. Paseamos tranquilamente por el Maruyama Parc y el Yakasa Shrine todo iluminado con lámparas grandes redondas que le dan un efecto muy especial al lugar. Cenamos en un sitio muy barato y típico, pero claro, te arriesgas a que el menú no esté en inglés. Te das cuenta que los gestos son más importantes de lo que parece. La gente es muy paciente con nosotros y nos tratan con un respeto y educación increíbles. Lamentan decirte un no, y siempre van a ayudarte todo lo que puedan. A decir verdad pensábamos que en general la populación hablaba mucho inglés, pero nos equivocamos sobremanera. Loic se siente en deuda con ellos y me convence para aprendernos frases en japonés. A lo mejor en dos días se nos han olvidado pero te lo agradecen.
Segundo día en Kyoto y nos levantamos con ganas de visitar. Sabemos que la jornada será larga pero tenemos que partir mañana a Tokyo. Empezamos visitando un templo llamando Ginkakuji Temple. Loic se ha quedado enamorado de este templo porque tiene algo especial, no es muy grande pero el recorrido en diferentes alturas y sobretodo los colores son magníficos, por ello le llaman el templo de las 4 estaciones.

Acabamos el día visitando un templo que sin duda quedará grabado para siempre en nuestras memorias. Es el llamado The Golden Pavilion. Imaginaos un enorme templo dorado en medio de un lago y una vegetación de ensueño, es poco para lo que se puede explicar. De uso exclusivo para el emperador puedes también visitar la casa del té, construida especialmente para observar el atardecer.

Al lado del mismo templo visitamos de nuevo un gran jardín zen. Belleza, simplicidad y sobre todo sutileza son los adjetivos que más pueden haceros transportaros a ésta cultura.
Mañana nos vamos a Tokyo, dejamos atrás el Japon tradicional para ver el Japón moderno pero esta ciudad es preciosa.

Nara

Nara es una pequeña ciudad que antaño fue la capital de Japón. El símbolo por antonomasia es el ciervo. Encontramos muchos de estos animales acostubrados a los humanos mientras recorremos el templo. Es el primer templo budista que visitamos, lo que acrecienta nuestra impaciencia. Adentrado como de costumbre en la naturaleza subimos una especie de colina para llegar al Templo. Es impresionante cómo aquí los japoneses son capaces de conjugar dos religiones al mismo tiempo. Un japonés nace shinto y muere budista.

Una vez en el templo Todai-Ji todo nos parece grandioso, la arquitectura típica japonesa saca sus mejores galas para representar a un buda gigante de 15 metros construido de madera. Antes de entrar en el templo llama la atención el olor a incienso, propio del Budismo. La gente dona y compra barras de incienso que luego depositan a la entrada del templo. La purificación la recibes cuando diriges el humo a la cabeza.

Más tarde recorremos todo un sinfín de parques y templos Nara-Koen, algunos de ellos vacíos, parece que estas solo ante ellos, con vistas y parques propios de las películas. Eso sí tienes que escaparte un poco ya que es una destinación tan típica de Japón que está llena de excursiones de estudiantes adolescentes cuyo menor interés es la historia del lugar.

Tras un buen paseo llegamos a un albergue tradicional reservado previamente. Acabamos e día como un japonés normal, tras un baño típico japonés con vapor y agua caliente vistes el kimono y listo para dormir un sueño increíbemente reparador que nos prepara para Kyoto al día siguiente.

Península de Ise

Instalados ya en Japón y en fase de adaptación de ésta nueva cultura estamos. Tras los templos Shinto visitados con Julián en la Península de Ise nos dirigimos a Nara para acabar nuestro viaje con nuestro amigo. Inmejorable guía, conocedor hasta lo más recóndito de Japón y haciéndonos disfrutar con su pasión como si fuera nuestra, todo en los momentos de calma y de reflexión que lo requieren; otros en el buen humor y la comparación del modo de vida japonés.

El primer día visitamos con Julian y otras dos chicas francesas estudiantes de japonés, tres templos Shinto(Gekú y Naiku)(Meoto-Iwa) en la región de Kansai.

El Shinto es una religión poco conocida para nosotros con diferentes ritos de purificación, como derramar agua antes de entrar en el templo y pasar el Tori, una especie de puerta sagrada en madera que separa el mundo terrenal de lo divino.
Tras caminar un poco y todo adentrado en una especie de conexión constante con la naturaleza, te diriges al templo, donde una sábana blanca ondeante a especie de altar te dirige a la divinidad u/o divinidades (ya que es una religión politeísta). Frente a lo que podría llamarse altar y tras una inclinación de cabeza previa, das dos palmas para despertar AL que yace de forma calmada y discreta, en armonía con el conjunto natural. Y esta armonía nos llega. Nos llega la paz de una forma sencilla y pura, en cada paso, en cada árbol que tienes que abrazar en señal de fuerza y raíz. Porque en ésta religión todo es conjunto y unidad.

Acabo describiendo el tercer templo que es el único que hemos visto junto al mar y que, una vez más une mar, roca, cielo, y naturaleza al fin y al cabo.

Acabamos el día cansados pero impresionados de la paz que nos llega y de la libertad de una religión sin negativismos ni pecados, sólo en armonía y deseos de prosperidad para tu vida. Compartimos una cena los cinco entre risas e intercambios de impresiones. Más no podemos pedir para un verdadero primer día.

Llegada a Japón

Konnichiwa,

Familia, amigos, por fin estamos aquí, por fin nuestra aventura comienza. Y qué comienzo! Ayer llegamos a Japón, el país del sol naciente, tras doce horas de avión y una diferencia horaria de 8 horas teníamos que acostumbrarnos. Llegados al aeropuerto, todos las consignas de seguridad (foto incluída, huellas dactilares) en fin, bastante gracioso. Lo peor fue el primer día, llegamos a las 9:30 de la mañana y nos quedaba un día por delante habiendo dormido dos horas en dos noches, la fatiga en su estado extremo. Pero aguantamos como campeones.

En el aeropuerto cogimos un tren al centro que Tokyo y ahí empezó el delirio, entre metros, trenes, trenes rápidos, intentarnos entender en Inglés que pensábamos era el idioma internacional pero que los Japoneses no controlan digamos muy muy bien. Vamos toda una peripecia ver ese mapa de metro, esta gente corre por todos los sitios pero en un orden de hormigas programadas previamente. Es increíble la acogida, se desviven por ayudarte, por mostrarte el camino y siempre con una sonrisa. Una cosa curiosa, al bajar del avión y pasar los controles de seguridad una cadena Japonesa se abalanzó sobre Loic para preguntar que hacíamos aquí, porque íbamos con una mochila tan grande en la espalda y sobre todo, por qué habíamos elegido Japón como destinación. It’s just a feeling, I loved so much Japan culture,dije. Rieron sin perder el objetivo de su cámara y escuchando atentamente lo que Loic les decía en el micro. No es de extrañar, extranjeros aquí hay pocos, no es un país preparado para el turismo.

Hasta ahora creo que es el país más difícil en el que hemos viajado, como os decía los metros y transportes en común son tan complicados que tienes la sensación de estar en otro mundo realmente. Un mundo con unas reglas bien definidas, con un respeto del otro casi inhumano, donde no importa el individuo, importa la comunidad. Ya ver esto merece la pena.

Por la tarde llegamos a Nagoya donde Julian (un amigo Lyones) nos ha acogido con los brazos abiertos. Vimos Nagoya de noche, centros comerciales y cenamos en un sitio típico con pollo frito. Mami te aseguro que no odio tu pollo ahora. En cambio el pescado crudo estaba delicioso.

Esta mañana nos hemos levantado temprano, ya adaptados a la hora Japonesa, es gracioso pensar que cuando escribo esto estáis dormidos como troncos. Hoy nos espera una jornada llena que Julian nos ha reservado y planificado de antemano. Es un lujo tener un guía que habla Japonés tan bien y estar en su casa como reyes. El tiempo es caluroso y húmedo que es lo que yo buscaba (Loic no está tan  contento con esto) jaja Con el resto estamos disfrutando como enanos.

Un beso a las familias respectivas.

Arigatou.