Koh Chang, la isla salvaje

Llegar a Koh Chang es toda una odisea. Esta isla es una de las últimas de Tailandia antes de pasar la frontera con Camboya. Esto significa que atravesamos completamente el país de Oeste a Este en un maratón de autobuses.

Salimos de Kanchanaburi a las 7 de la mañana e intentamos hacer una combinación que nadie nunca ha hecho antes, al menos por lo que leemos en internet.

Esta vez es Loic el que se prepara de lleno el viaje, las paradas y los cambios. Sabemos que va a ser un día entero viajando y que cuando lleguemos a la isla sea probablemente de noche. La cosa es que a pesar de retrasarnos de dos horas para coger nuestro autobús en Bangkok, cogemos otro que se dirige directamente al ferry que te lleva a la isla. Pero ojo, la dificultad es que queremos hacer el trayecto como tailandeses y a veces las ideas de Loic me parece un poco sin sentido, en cambio me convence.

Para hacerlo tiene que aprender una frase en tailandés y decir “hola, quiero dos tickets hacia Lang Gop”. Tras dos horas ensayando con una tailandesa en el autobús que se presta al juego mientras yo duermo, (todo hay que decirlo), llegamos a la taquilla en cuestión y Loic le recita perfectamente la frase. Teníais que haber visto la cara de la mujer de la taquilla al ver que un blanquito se había tomado la molestia de aprender algo de Thai. Lo más impresionante es cuando nos da un precio tailandés cuando esperábamos uno turista que es más o menos el doble. En fin, vale la pena tomarse la molestia de aprender algo del idioma para comunicar con la gente del país, y esto se agradece enormemente. Una sonrisa les sacas seguro.

Llegamos a la isla por la tarde, antes de lo previsto. Hemos programado tres días aquí y probablemente actividades como buceo…

Pero salvo el primer día que disfrutamos de piscina y playa los dos días siguientes llueve como en el diluvio universal. Tanto es así que uno de los días alquilamos una moto para recorrer la isla y todas sus playitas y nos perdimos, nos empapamos… en fin una odisea que no se olvida. Llueve sobre mojado en una isla tropical que indica que el monzón está encima. Nos sirve para relajarnos al oír llover, y hasta para bañarnos en el mar de agua caliente incluso con las gotas de lluvia.

Kanchanaburi

Nos dirigimos al Oeste de Tailandia hacia una región conocida por su naturaleza salvaje y virgen. Kanchanaburi es una ciudad sobre el rio Kwai donde el turismo es rural y de acercamiento al pueblo Thai, mucho más de lo que podemos apreciar en Bangkok.

Tozudos de nosotros, decidimos acercarnos al lugar por medio de los trasportes públicos, no los reservados a turistas, nos informamos y cogemos un bus que nos lleva sin el menor problema. Una vez allí buscamos una “Gesthouse” que será la más bonita que hayamos hecho hasta ahora. Dormimos esa noche sobre el mismísimo rio Kwai y podemos apreciar la puesta de sol, me quedaría ahí años y creo que pasaran muchos para que olvide ese albergue en medio del rio.

Por la tarde, y aunque algo cansados del viaje nos dirigimos al “Tiger Temple”, un templo budista, que desde hace algunos años recibe tigres en adopción y los protege de su caza y captura. Antes de ir nos informamos bien del sitio, hay muchas y muy variadas opiniones sobre el trato de éstos animales allí, de si están sedados… lo cierto es que viéndolo con nuestros propios ojos no podemos decir lo mismo. Los tigres, aunque parezca mentira, están acostumbrados al hombre y el hecho de darles de comer les hace dóciles y no los animales felinos que estamos acostumbrados a ver en documentales.

Nos adentramos en el templo y nos quedamos maravillados con la cantidad de tigres que hay, de todas las edades y el cariño que los monjes budistas le proporcionan. Sin duda una de las experiencias más fuertes es poder tocarlos, desde los grandes hasta un bebe tigre que encontramos por casualidad en una de las zonas alejadas del parque. Loic no cabe en sí de gozo y yo no puedo creer que esté tocando uno de los animales más bellos e impresionantes que existen. Repetiría la experiencia una y mil veces.

Al día siguiente, no muy lejos de nuestro albergue vamos a “Erawan Nacional Park”, un parque lleno de selva y naturaleza cuyas cascadas relucientes te hacen pensar que son casi humo. Nos bañamos, comemos el picnic, hacemos el ganso entre rocas, troncos y cascadas. Ya lo veréis en los videos, el paraíso hecho realidad, con millones de mariposas de todos los colores revoloteando por todos lados. La realidad aquí sí que supera la ficción.

Acabamos nuestra visita a ésta región visitando el famoso Puente de la Riviera Kwai, puente que da nombre a la famosa película y que cuenta la historia del mismo cuando Tailandia fue invadida por los japoneses. Muchas personas murieron para construirlo, tanto es así, que el tren que lo traspasa es llamado el tren de la muerte. El puente en sí es bonito, pero mi desconocimiento cinéfilo e histórico me hacen no apreciar verdaderamente lo que estoy visitando, y, a decir verdad, y aunque he intentado entender la historia es compleja en países como éste. Me queda pendiente leer el libro o ver la peli cuando realmente tenga más tiempo. Viajar, si, viajar te enseña y te ayuda a entender…

Bangkok

Llegamos a Bangkok con el entusiasmo de descubrir un nuevo país y una nueva cultura. Los primeros minutos en cada país, cuando te bajas del avión y observas a tu alrededor un sitio del que sólo conocías el nombre, son mágicos.

Al llegar todo nos parece increíble, hay coches que siguen señales de tráfico, no hay animales por todos sitios, todo está limpio, ahí nos damos cuenta de que India nos ha marcado. Con  sus pros y sus contras porque la gente aquí no sonríe ni te ayudan desinteresadamente. También echamos de menos ese lado humano. Siento decirlo así, pero en Bangkok el que se acerca es porque quiere sacarte dinero, ya lo explicaré más adelante.

Reservamos un hotelito en un barrio al norte de la ciudad, el jardín común nos hace mucho pensar en Japón. Nada más llegar compramos dos cervezas frescas y un aperitivo y nos instalamos en la terraza del hotel. No hay nadie, las hamacas son grandes de tipo masaje, nos tiramos ahí y contemplamos el atardecer sintiéndonos los más felices del mundo.

Al día siguiente un tuk tuk se nos ofrece para hacernos descubrir la ciudad por una irrisoria cantidad de dinero (20 Bath, lo equivalente a 50 céntimos de Euro), y por el día entero. Nos parece extraño pero aceptamos. De todas formas no puedes desplazarte a pie ya que hace un calor sofocante.

Caemos en un timo de los muchos que hay en Bangkok, porque, es cierto que el tuk tuk te lleva a los sitios importantes que hay que ver, pero claro, lo que no te dice es que entre medio, te “obliga” a entrar en tiendas de trajes hechos a mano, joyería… En fin, nosotros le decimos que esto no nos interesa y que no vamos a comprar nada, pero acaba confesando que se gana la vida gracias a eso ya que cada vez que entramos en una de esas tiendas él recibe una comisión. Por eso los precios que te proponen al principio son tan aplastantes. Este es un timo común, y, aunque no nos cuesta dinero, sí que es bastante bochornoso para el turista el tener que entrar y decir que entras sólo para ver. Con el respectivo cabreo por parte del dueño de la tienda que te echa a patadas. En fin, un poco violento, la verdad.

Otro de los timos es que este tuk tuk te lleva a agencias de viajes, pero que se esconden con el nombre de Oficinas de Turismo, cuando lo que quieren es venderte un paquete con todo incluido, transporte, alojamiento, comida y actividades. Informarte no te informan de nada.  Gracias a internet y a nuestra preparación previa del viaje podemos hacer todo por nuestra cuenta y por menos de la mitad del dinero propuesto. En fin, de dicen que lo hagas, te asustan con los robos, te dicen que no puedes mezclarte con la gente Thai, que los autobuses de turistas son para turistas. En fin no les hacemos caso y nos echan de la agencia  de forma maleducada. Qué pena que experiencias así nos estropeen una imagen inicial del país.

Esto no quiere decir que Bangkok no sea una ciudad muy bonita para visitar. La primera visita que hacemos es la del Big Buda, que es un Buda gigante, de 15 metros de alto todo dorado.

Más tarde visitamos el templo del Little Buda. Ahí nos topamos con alguien excepcional. Un monje budista de 80 años que nos invita a sentarnos en su casa, nos da agua para beber y nos cuenta un poco su vida. Se queda flipando con Loic, diciendo que parece un “Can” y la conversación es bastante graciosa. Está puestísimo en política internacional y conoce hasta al presidente Hollande. La forma de expresarse con su limitado inglés y con sus carcajadas nos hace reír. Se despide diciendo a Loic que “no mujer, no problema, y no niños, no problema”. ¿Qué querría decir con eso?

El ultimo templo es el del Lucky Buda, al que pidas lo que pidas te lo cumple. Damos unas rupias que nos sobraron de India a una especie de calendario de la suerte budista. Ya lo veréis en las fotos.

Por último visitamos la Golden Mountain, con una pareja de daneses muy simpáticos que encontramos. La visión de la ciudad es impresionante desde ahí arriba.

Al día siguiente nos vamos al Oeste de Bangkok, Kanchanaburi, para visitar esta perla del país. Todo por nuestra cuenta, sin entrar en el chanchullo  turístico que tienen montado.