Agnes Water, 1770 & Lady Musgrave Island

Nuestro último artículo de Australia y ya vemos que se acaba este país. El último trayecto lo hacemos hacia Agnes Water, una localidad a cinco horas de Brisbane y que será nuestra única oportunidad de ver la Gran Barrera de Coral. Este es el punto donde la barrera comienza desde el Sur y también lo más al Norte que vamos a estar en Australia antes de bajar de nuevo a Brisbane, para coger nuestro vuelo.

La salida de Noosa Heads la hacemos al atardecer, sobre las 15: 30 ya que Loic se empecina en salir tarde y así aprovechar la mañana en la playa. La prudencia que me caracteriza se tira de los pelos porque no quiero viajar de noche en carreteras como estas, donde cualquier animal te puede salir de donde sea. En fin, que no puedo luchar contra la cabezonería francesa y al final salimos más tarde de lo que habíamos previsto y a las 17 se hace de noche.

No he pasado tanto miedo en una carretera desde la inundación que mi hermana y yo vivimos en la carretera de la Nava, muchos años atrás. En fin, una pesadilla, las carreteras estrechísimas a más no poder y los camiones tractores no dejan de adelantarnos vertiginosamente y pitarnos. A veces nos acorralan entre dos de ellos. El caso es que llegamos a las 9 a una localidad que está a medio camino de nuestro destino y parece el mismísimo pueblo fantasma. Pedimos algo de comer en una gasolinera cutre de mala muerte y nos miran como si no hubieran visto un humano en años. La hamburguesa no se puede masticar y el pastel es incomestible.

Seguimos nuestro trayecto, eso sí,  a 20 Km hora y en un momento la carretera huele mal, empezamos a mirar a nuestro alrededor y hay un canguro muerto al lado de un enorme jabalí. Mas cagados si cabe, ahora la conducción será a 10 Km y pitando todo el rato para no cruzarnos con animales.

Llegamos a Agnes Water y pasamos la noche en el parking de una urbanización donde estamos tranquilos para dormir después de las horitas de tensión acumuladas.

Al día siguiente compramos los billetes para una excursión en un barco y ver una de las islas más bonitas del arrecife: Lady Musgrave Island. Es una excursión cara pero la única que nos hemos permitido en Australia, por eso no dudamos de que puede ser una buena experiencia.

Montamos en el barco a las 8 de la mañana en un trayecto hasta el arrecife de coral que dura una hora y media. En el barco hablamos con  Australianos que se interesan en nosotros, algunos han viajado, pero la mayoría no mucho. No es difícil de imaginar por qué, aquí lo tienen todo.

En el trayecto vemos ballenas a menos de un kilómetro, la isla a lo lejos parece inalcanzable y cuando llegamos los corales están tan cerca de la superficie que el barco tiene que rodearla entera para pasar por el sitio donde estos no están presentes. La isla vista desde un avión es impresionante, es como un trozo de tierra en medio de un círculo enorme de corales de todos los colores en un agua azul turquesa que parece truqueada con Photoshop. Pero no es así, os lo aseguro. Es el mayor paraíso que han visto mis ojos.

Para preservar la isla hay una sola plataforma donde anclar el barco. Desde ahí podemos nadar y bucear haciendo snorkeling para ver los corales. Con un sinfín de colores, entre los que predominan el lila y el amarillo, Loic y yo nos préstamos a nadar en un agua a 17 grados una hora y media en pleno invierno. Si mi madre me ve no se lo cree. Podemos alquilar neoprenos pero somos valientes. Saltamos al agua, buceamos juntos y encontramos peces de muchas formas y colores. Lo más impresionante, nadamos entre tortugas gigantes. Yo intento seguir una que me mira con sus ojos saltones. Sus aletas tienen una parsimonia que te relaja.

En la isla no te puedes adentrar así como así. Al ser un lugar tan virgen por su flora y fauna está muy protegido. No puedes tocar los corales y por supuesto nada de llevarte ninguno de estos como recuerdo (cosa que todo el mundo hace nada más entrar, incluida yo), aunque estén en la playa ya fosilizados y blancos. Las multas son astronómicas y acabas tirando todo lo que te habías guardado en el bolsillo.

La primera playa nos adentra a una isla propia de Robinson Crusoe, con una vegetación abundantísima de unos árboles llamados Pistonias bajos y frondosos que cubren la isla y le dan una sombra fresca y selvática. Los pájaros que anidan son los llamados Noody Terns, cuyo comportamiento es destacado y mofado por los australianos. Es un pájaro que no puede volar y muere de cansancio al intentar hacerlo, por ello ha de reproducirse muy rápido  y los nidos llenan las ramas. Vamos que básicamente no han entendido que el cansancio te pasa factura. Gracias a nuestra caravana esto a nosotros no nos pasa. Dormimos mucho y bien en Australia para no acabar como los Noodys.

Andamos por la isla y llegamos a la playa más bonita que hemos visto nunca. De estas que siempre están en los salvapantallas del ordenador y nunca piensas que existen. Troncos secos caen sobre la orilla cubierta de arena fina blanca, bañada por un agua transparentemente insultante. La belleza de este sitio no se explica, ni siquiera las fotos, que son maravillosas, la aprecian. Pero la playa tiene un límite, y es el reservado a nuestras amigas las tortugas para poner huevos. Están en su época de reproducción y no hay quien las moleste. La seriedad con la que los australianos hablan de su medio ambiente es una lección para el resto del mundo. Es su regalo, su joya y lo más preciado que tienen.

Al día siguiente partimos hacia el Sur dirección Brisbane, desde donde saldrá nuestro próximo vuelo. Esta vez conducimos de día. Limpiamos nuestra caravana y echamos gasolina. La dejamos en un parking solita mientras nos alejamos con nuestras enormes mochilas. Nos da pena  decir adiós a Excalibur, como se llama, la que ha sido nuestra casa durante tres semanas.

Un adios a Australia y a sus bosques infinitos, un adios a sus playas de surferos y de gigantes olas. Proxima parada, Canada.

Noosa Heads

Cuando llegamos a Noosa Heads no podemos imaginarnos lo que nos espera. Un paraíso de playas, a cada cual más tranquila, más calmada, con un aire infinito que se respira en el ambiente. Al atardecer  decidimos que ese sitio merece por lo menos tres días.

Hacemos un video que inmortaliza un momento único que nos hace apreciar el espacio y el tiempo. Ese que nos diferencia y nos identifica individualmente también, la principal razón para hacer este viaje, cuya gasolina son nuestras ganas, nuestras conversaciones, nuestros intercambios y que acrecienta, si cabe, nuestra simbiosis de alguna manera. Paseamos en la arena que es como harina blanca en nuestros pies y llegamos a la punta de la playa donde decidimos sentarnos en una mesita apartada de picnic para cenar. La noche nos visita y nos regala una cena que acaba con una botella de vino que nos permitimos para celebrar nada, el momento, el instante, cuando no festejar es festejar todo en realidad.

Curioso es que, cuando no tienes apenas nada más que una mochila con ropa, vas con tu casa a cuestas, duermes donde sea, te duchas cuando puedes y con agua fría… lo tienes todo. Es cuando los encuentros son más verdaderos, es cuando la vida se hace importante, es cuando el momento es el ahora y el mañana es efímero. Curioso es que tenga que darme cuenta de eso estando a miles de kilómetros de casa, donde mi vida se pasa, mi trabajo y mis comodidades .Pero soy consciente de que la vida no es eso, y la vida es diferente a lo que estamos viviendo. Quiero alargar esta sensación en el tiempo, y, cuando este sueño convertido en viaje se acabe, recordar que las pequeñas cosas son las más grandes.

Sin alejarnos del paraíso en el que estamos envueltos, el día siguiente lo pasamos en la playa, tomando el sol, paseando entre un bosque que alberga koalas y que se adentra en playas maravillosas en las que estamos prácticamente solos.

Cabe la pena decir que hasta ahora, como bien había contado en un artículo anterior, nuestras noches las pasamos en la caravana eligiendo el sitio cuidadosamente. Es la primera vez desde que estamos en Australia en la que dormir es posible dentro del recinto del parque. Por eso también Noosa nos sabe a gloria y a dormir a pierna suelta.  Dormir a pierna suelta también es un lujo, así que sentiros afortunados de disfrutarlo. Esto hace el viaje!!!

Brisbane

Brisbane es una pequeña gran ciudad en Australia en medio de la Costa Este. Está muy bien localizada porque está entre la Gold Coast y la Sunsine Coast, a la que vamos a dirigirnos más tarde.

A pesar de que las guías no hacen mucho hincapié en la ciudad, nosotros la encontramos  maravillosa. El rio que la atraviesa va a parar al mar lo que la acerca a la costa. Tiene montones de zonas verdes, rascacielos en la zona financiera, zona de conciertos al lado del rio, playa.

Pasamos la tarde paseando en el Jardín Botánico, en el campus universitario inmenso y con un lujoso muestrario de actividades para los estudiantes al lado de la marina…El centro ciudad es pequeño pero la movida nos atrae. Es viernes por la tarde y todo el mundo está en la calle, tomamos dos smoothies (mezcla de helados, fruta y leche) que son típicos y disfrutamos de ese momento especial en esa esquina de Brisbane que es una ventana a la Sunsine Coast. Hacemos planes, revivimos experiencias y regresamos a nuestro coche y a nuestra cama en un barrio tranquilo. Dormimos en una colina, viendo la ciudad dormirse con nosotros.

Al día siguiente nos dirigimos al sur de la ciudad, al llamado “Santuario de Koalas”, sitio famoso y que no te puedes perder si estás en Brisbane. El santuario es una especie de granja enorme que acoge los animales típicos de Australia. Un montón de voluntarios trabajan ahí y sirve de hospital para las especies en peligro de extinción. Y por fin vemos Koalas .Estos marsupiales son tan bonitos que no te cansas de verlos aunque la mayoría del tiempo están durmiendo en forma de bola en las ramas. Viven en eucaliptos y se alimentan de sus hojas. Son tranquilos, pacíficos y se mueven con una lentitud que relaja verlos.

Los canguros son otra cosa. Son pura energía. Puedes ver desde Wallabis, que son los más pequeños, hasta el gran canguro rojo que llega a medir más de dos metros. Estos últimos no son muy amigables así que si no quieres ganarte un puño como en los dibujos animados, mejor no te acerques. En Australia hay 40 millones de canguros, el doble que de personas, por eso su carne es muy común. Como están en estado natural la mayoría de las veces es mejor conducir despacio ya que es frecuente encontrarse con ellos en carreteras y caminos.

Finalizamos nuestro día en el Santuario viendo desde águilas hasta lagartos enormes, carneros, avestruces, cocodrilos etc. Un día donde los animales son los protagonistas. Con todo el entusiasmo y las pocas ganas de que esto se acabe, la Sunsine Coast nos espera. El tiempo no será un impedimento, sol, sol y más sol, como su propio nombre indica.

Surfers Paradise

Surfers Paradise es el  “Paraíso de Surferos”. Pero lo que para unos es un paraíso de edificios y olas que hacen de éste lugar un Miami australiano; para otros, nosotros incluidos, no es precisamente el lugar que buscamos para desconectar de todo. Eso sí, merece la pena verlo.

El sitio en sí fue la meca de surferos de los años 60, cuando la zona era verdaderamente hippie, ahora hay surferos pero de mucha mayor clase y confort. Surferos de lujo que rodean la ciudad con hoteles y centros comerciales caros pero que dan un ambiente muy diferente al de Byron Bay.

Para hacernos una idea del sitio bajamos y nos tomamos el sol en la playa. Las olas son gigantescas y los socorristas sólo se encargan de supervisar un espacio muy pequeño de la playa que recorre unos 50 metros.

Tras pasar la tarde ahí cogemos nuestro coche y nos dirigimos a Brisbane, capital de la provincia de Queensland, que será el punto de partida de nuestro próximo vuelo.

Todavía nos quedan 10 días en Australia. Coche y música buena, sol y palmeras, justo lo que buscábamos…Nos paramos en un semáforo y vemos una reunión de trabajo haciendo picnic, queremos vivir en éste país.  Parece que la gente sabe cómo vivir y qué es lo importante.

Byron Bay

De toda la costa este australiana probablemente Byron Bay sea uno de los sitios más conocidos, sino el más. Llegamos al faro de la Bahía y empezamos una caminata que durará unas dos horas. A la izquierda las playas magníficas cuyas olas rompen perfectas para los surferos, delante de nosotros pleno Océano Pacífico, a esa altura donde casi estás en sus entrañas, en la punta más al este del continente.

Loic decide ponerse su gorro australiano y parece que nos da suerte.

Nada más llegar vemos un grupo de delfines cerca de la costa. Bajamos y decidimos dejar los senderos trazados para disfrutar de una playa que parece sacada de un cuadro. Subimos de nuevo y vemos ballenas a lo lejos. Ballenas en su estado natural que saltan y se regodean en su hábitat. No puedo explicar lo impresionante que es ver a una madre y su bebé ballena sacudir la cola y hasta agitar su aleta en dirección a las rocas. Me acuerdo de mi mami que no cabría en ella si viera este espectáculo. Nos encontramos con australianos que llevan viniendo a este sitio durante años y nos dicen que no sabemos la suerte que tenemos de haber visto lo que hemos visto. Nos sentimos afortunados y felices imaginando por un momento la vida en el océano.

El segundo día en Byron Bay no tenemos tanta suerte. Para disfrutar de un paseo por la playa hemos aparcado en un sitio donde sólo podíamos quedarnos una hora. Al llegar la recetita es de 101 dólares, el 1 no se para que es, quizás para la propina del tío que las pone. En fin, no sabemos qué hacer con ella y esperaremos a que nos llegue a Francia, si nos llega.

El pueblo de Byron Bay es un antiguo pueblo hippie que todavía guarda sus resquicios de filosofía y paz. En cada esquina te encuentras gente cantando o tocando la guitarra, todo el mundo anda descalzo y hay un ambiente que hace sentirte como en casa.

La contrapartida es que hay mucha gente que está harta de esa imagen y tal y como podemos leer en internet la policía aquí es mucho más estricta que en otras partes y las multas corren que vuelan. Los aparcamientos son muy estrictos, los sitios muy vigilados y no se permite hacer camping en ninguna de las áreas.

Con todo y con eso nos dormimos en nuestro caracol y a las 6 de la mañana viene a despertarnos un policía bastante bruscamente que nos dice que si no nos movemos en dos segundos nos pone una multa. Madre mía, dos en menos de 24 horas. Nos desplazamos a una gasolinera cercana para pasar el resto de noche que nos queda. Al final no nos pone la multa pero hemos estado a muy poco de olerla jajaja

No pasa nada, recordaremos Byron Bay y sus ballenas.

Crowdy Bay National Park, Port Macquarie & Sawtell

Recorrer  la costa con nuestro coche es una aventura en sí misma. Las carreteras no son siempre autovías y tenemos que tener cuidado pues hay señales de advertencia de koalas y canguros por todas partes. Por eso evitamos viajar de noche. Vemos koalas, canguros y otros animales en las cunetas que muestran que atravesamos realmente un país salvaje.

En cada trayecto puedes elegir “tourist highway”, que no son más rápidas que el resto de carreteras pero que te permiten ver paisajes y bordes de costa.

Hacemos una parada en Crowdy Bay tras decidir que nos alejamos de la ruta principal y nos adentramos en pleno bosque interior que da a una playa kilométrica y desierta. El viento es fuerte pero no hay ni un alma. Bosque y playa se confunden. Encontramos un área de camping para la que necesitamos un permiso especial pero no lo tenemos. Aunque no pasamos la noche aquí nos permite tomarnos una ducha, eso sí fría como el hielo pero revitalizadora y un picnic en la tupida hierba.

Por todos lados hay carteles de “cuidado Koalas” pero hoy no tenemos la suerte de ver ninguno. El camino de la costa nos lleva a Port Macquarie, una ciudad balneario donde encontramos un café con dj incluido y con un atardecer de ensueño. Esa noche decidimos que nos merecemos un restaurante y entramos en un mexicano, buenísimo pero con comida para un regimiento que nos durará dos días. Gracias que tenemos frigorífico en la caravana.

Buscamos, como todas las noches hasta ahora, un lugar tranquilo donde dormir. Normalmente lo encontramos en los aparcamientos, bosques o calles sin salida…la imaginación nos da para mucho. Sabemos que no es legal, en teoría, dormir en la caravana pero todo el mundo lo hace. De hecho los propios australianos te dicen, no está permitido, está tolerado. En fin, pasamos la noche cerca de una casa abandonada y nos dormimos tempranito para recuperar fuerzas.

Sawtell es la última parada antes de llegar a Byron Bay, el lugar recomendado por amigos y por casi todas las guías, donde pensamos pasar tres días. Dormimos de nuevo en un aparcamiento en Ballina, una ciudad justo al lado de nuestro destino matinal. La aventura australiana no ha hecho más que comenzar.